-
La historia de Ángel, solo era un muchacho (52/59)
Fecha: 22/08/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
... decir más, tener que recitar las tablas de multiplicar con esa pandilla de niños del Medio Oeste. Cinco por doce, sesenta. Pero lo más duro es mantener mi voz lo más baja posible, la cabeza gacha, para que la maestra, una mujer de mi misma edad, no se fije en ese niño raro que garabatea la confesión de su vida.” (de Las confesiones de Max Tivoli, por Andrew Sean Greer) Eduardo había mantenido los ojos cerrados y en ese momento los abrió. -Es mejor que no sigas leyendo, pierdes la entonación y tu cabeza está en otro lugar muchacho, leer no es jugar a las canicas. -me arrancó una tierna sonrisa de ternura, parecía el mismísimo “Max Tívoli”, un niño en el cuerpo de un viejo que hace el camino al revés, razonando como niño siendo anciano. -Alberto ha preparado una fiesta para celebrar mi aprobado en la universidad y viene a buscarme. -adivinaba su mirada fija en mi a través de las rendijas de los párpados. -Coge lo que la vida te ofrece, lo que desees tómalo también si puedes pagarlo, que sea con respeto, pero no te niegues a tenerlo cuando puedes. -suspiró y se pasó la lengua por los labios resecos. -Háblame más claro para que te entienda. -le sujeté la trémula y huesuda mano. -Ese muchacho, ese Alberto, no dejes que se te escape, llévatelo a tu terreno, algunos necesitan que se les empuje para que hagan lo que deben. -volvió a cerrar los ojos y a respirar sin notársele. Sentí una mano sobre mi hombro y la agarré imaginando de quien era. Me sujeto ...
... con suavidad como un aviso para me levantará y salimos silenciosamente de la habitación, al instante se levantó un enfermero que pasó a ocupar mi lugar para vigilarle. -Podemos ir en mi coche y después te devuelvo si tu quieres. -había dejado su coche en las puertas de las cocheras sin meterlo y estuve de acuerdo con su idea. Pensaba que me llevaría al bar de costumbre, donde están nuestros amigos pero luego se desvió cogiendo la dirección de su casa. -Creo que mi chofer ha equivocado el camino, ¿es la costumbre? -Alberto se rió con suavidad y puso la mano derecha en mi muslo. -Tranquilo, no vamos a perdernos, la fiesta es en otro lugar. -sentía el peso de su mano sobre mi pierna y el suave calor que desprendía. ¿Tendría razón Eduardo? ¿Alberto necesitaría un empujón para decidirse? ¿Y si me equivocaba y Alberto no sentía lo que Oriol y Eduardo pensaban? Sería un un terrible error y la vergüenza no me dejaría volver a mirarle a los ojos. No resultaba nada fácil. Llegamos a su casa y en lugar de dejar el coche en la calle lo metió en el patio hacía su garaje. Las plantas en sus macetas estaba iluminadas y volvía a admirar aquella especie de patio andaluz con suelo de canto rodado. Cuando llegamos a la galería de su apartamento me llevé otra sorpresa, hermosos lirios amarillos y azules brillaban por los focos que había colocado en la parte superior de la fachada, encima de los ventanales que daban luz al interior y que ahora aparecían iluminados desde ...