1. Mario (17 de 22): Pasando el verano y más (2)


    Fecha: 22/08/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    ... apasionado.
    
    -Bésame tu Aldo, tu eres el macho ahora y debes tomar la iniciativa, me vas a follar porque yo lo quiero y lo vas a hacer muy bien.
    
    Me bajé de sus piernas y aparté los paquetes que aún quedaban sobre la mesa, me subí la camisa mostrándole mi cuerpo y me quité el slip quedando desnudo de cintura para bajo.
    
    Me coloqué con el pecho sobre la mesa y giré la cabeza para sonreírle. No se había movido de la posición que le dejé, me miraba con asombro infantil al recibir los regalos de Reyes.
    
    -Fóllame Aldo, no hagas que te lo suplique. -entonces se levantó, se bajó los pantalones y el bóxer hasta media pierna, dejó a mi vista su pene, lo recordaba bien, aparentaba ser un poco más largo al haber perdido peso, pero no pasaba de los dieciséis centímetros, con forma de cuerno, la punta fina, le iba engordando hasta la base donde era muy, muy grueso, curvado hacía el ombligo parecía más pequeño.
    
    De la punta le colgaba un hilo de precum con una gota al final que no terminaba de caer, lo tenía tan rígido que el cuerpo del pene parecía tener nervios donde se enroscaban las venas que lo regaban.
    
    No esperaba su reacción, pero en lugar de enchufarme el pene con forma de cuerno, me sujetó las piernas, pasando las manos debajo de ellas y rodeando con sus grandes manos mis nalgas, me elevó hasta que mi culo encontró su cara y la hundió entre mis redondas nalgas.
    
    Me hizo exclamar asombrado cuando a la primera ya tenía su lengua horadándome el ano.
    
    -¡Ahhhh! ...
    ... ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! Ummmmm, que rico amor métela más. -para no caer y dejarle trabajar a su lengua, me apoyaba con las manos en la mesa sosteniéndome, así no soportar en el todo mi peso.
    
    A cada suspiro o gemido mío Aldo hacía más fuerza, o ponía puntiaguda la lengua para que entrara más, el chicarrón grande no sabía besar pero hacía milagros comiéndome el culito.
    
    Era una auténtica comida donde a veces lamía mis nalga para volver de inmediato al ojete y lamerlo, besarlo y darle todas las muestras de amor que se le pasaban por la cabeza.
    
    A veces le miraba su polla, goteaba incesantemente un chorro de jugos que le caía en el pantalón y en el suelo.
    
    Al final, y creo que con pena, me fue bajando, hasta quedar con el pecho pegado al tablero de la mesa y las piernas muy abiertas. No se sujetó la polla, solamente mis caderas dirigiendo mi cuerpo hasta situarlo en la postura correcta, con el ángulo preciso dirigido a la punta de la verga.
    
    Comenzó a entrar con facilidad, sin encontrar obstáculos o resistencia, salvo la que ella misma se encontró al final por el gran grosor que tenía, apretaba pero no había manera de que meter los dos últimos centímetros.
    
    La follada era genial, me movía sobre la mesa como si fuera una muñeca de goma clavada en su verga, lo más placentero cuando llegaba a la parte gruesa y allí me abría el culo quisiera o no, los huevos se le bamboleaban golpeándome en los míos hasta causarme dolor.
    
    -Así, así Aldo mío, fóllame rico mi vida, dame por el ...
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