1. Disfrutando de una joven en un parque público


    Fecha: 27/08/2022, Categorías: Confesiones Autor: Orpherius, Fuente: CuentoRelatos

    ... vemos el resto del parque. Hay una barandilla y algunas torretas. Al fondo, el mar, que está muy levemente iluminado por la luz de la luna.
    
    Dejamos nuestras cosas sobre un murito, nos acercamos el uno al otro y comenzamos a besarnos de nuevo. Sin darnos cuenta, vamos dando pequeños pasitos sobre las baldosas, como meciéndonos: parece una especie de danza muy lenta.
    
    Poco a poco, nos vamos desnudando. Yo saboreo con los ojos cada trozo de su cuerpo que va quedando desnudo, se me hace la boca agua con cada prenda que se quita. Cuando se saca las braguitas, veo que lleva el pubis totalmente rasurado. Se lo acaricio con la palma de la mano, con los dedos, le busco el interior. Está muy suave, húmedo. Aún no se ha quitado el sujetador, y me relamo ante la idea de verle los pezones. Con nuestra danza erótica, hemos llegado sin querer a la barandilla.
    
    ―Quítatelo ―le digo.
    
    Ella se saca el broche y tira la prenda al suelo, hacia un lado. Por fin, le observo los pechos. Son preciosos, de tamaño medio, con los pezones de rosa intenso. Me los llevo a la boca, los saboreo, los chupo, los mortifico con la punta de la lengua. Son muy firmes, deliciosos.
    
    Al estar completamente desnudo, siento el impacto de la noche fresca sobre mi cuerpo. Es una sensación extraña, agradable. Cuando me acerco a ella, su calor me resulta todavía más placentero. Tiene la piel realmente suave. No puedo dejar de tocarla, de apretarme contra ella.
    
    Nuestra ropa está toda desperdigada por el ...
    ... suelo. Soy consciente, en ese momento, de que hay algo muy erótico y excitante en esa situación. «¿Y si nos sorprendiera alguien ahora mismo?», pienso. Me excita la idea.
    
    Entretanto, yo me he puesto muy duro. Mi pene tropieza contra su cuerpo mientras me aprieto contra ella para besarla y acariciarla. A veces, la muy traviesa se da la vuelta y me empuja con sus nalgas, clavándose mi erección. Me vuelve loco. La rodeo con los brazos y le como el cuello hincándole mi miembro, moviendo mi pelvis exageradamente, como si la penetrara. Deseo estar dentro de ella. Entonces se reclina sobre la barandilla, agarrándose con las manos y ofreciéndose, y yo busco su hendidura húmeda con mi punta. La penetro despacio, hasta dentro. La sujeto por las caderas y comienzo a moverme. Los choques de la carne y nuestros jadeos y respiraciones se oyen muy fuerte en aquel rincón del parque. Las ramas de los árboles, muy entrelazadas y espesas, forman una especie de bóveda, de cámara acústica.
    
    Tengo mi mirada fija en la entrada de sus nalgas. Me gusta observar cómo mi miembro se pierde dentro de ella. Me sigo relamiendo con su piel blanca y suave, con las vibraciones de la carne de sus nalgas firmes. Le acaricio la curva de la espalda mientras la penetro, me inclino hacia delante y le busco los pechos. Ocasionalmente, levanto la mirada y observo el contorno de su cuerpo destacado sobre el plato del mar, iluminado por la luz tenue de la luna, su cabello cayendo hacia un lado y ondeando con mis ...