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Disfrutando de una joven en un parque público
Fecha: 27/08/2022, Categorías: Confesiones Autor: Orpherius, Fuente: CuentoRelatos
... embestidas. Salgo de dentro de ella y le pido que se dé la vuelta. ―Abre las piernas ―le digo. Ella se apoya de espaldas contra la barandilla y me ofrece su sexo. Se me hace la boca agua solo de verlo. Me acerco y comienzo a lamerla. En el aire limpio de la noche, el olor de su vulva me invade, me excita. Le doy fuertes chupadas, la acaricio con la lengua, le introduzco los dedos. Siento cómo ella se excita a cada instante que pasa: su pelvis, que se balancea sobre mi cara, la delata. En cierto momento, ella se lleva una mano a la vulva y comienza a darse palmaditas. Yo la observo y veo cómo su rostro se contrae de gusto. Entonces yo la imito, se la azoto con la palma de la mano y veo con sorpresa cómo a los pocos instantes sus piernas comienzan a temblar, y cómo un líquido transparente y salado empieza a brotar de su sexo y a salpicarme la cara. Abro la boca buscando beberme con desesperación esas gotas de placer. Veo cómo el líquido le resbala entre los muslos. Yo, sediento, lo recojo con la lengua. Pero ahora que conozco el truco, quiero repetirlo, y la azoto nuevamente esperando la nueva lluvia de su orgasmo. Ella me riega de nuevo la cara entre jadeos y temblores, me agarra del pelo con el puño crispado, mi boca abierta bajo su sexo. Tras un nuevo instante de calma, con mi cara perfumada y brillante de su flujo, me levanto, la rodeo con los brazos y la beso. Nuestras lenguas comienzan de nuevo a enredarse. Mi pene se hinca en su vientre y en su vulva. ...
... Entonces, ella se desliza hacia abajo y se pone de rodillas frente a mí. Comienza a succionarme. Yo le echo el largo pelo hacia un lado y la observo con deleite. Le pongo la mano sobre la cabeza, le acaricio la cara, el cuello, los hombros. Cuando mis pulsaciones vuelven a dispararse, la tomo de las axilas, la levanto y la vuelvo a poner de espaldas a mí, de frente a la barandilla. La vuelvo a penetrar con fuerza hasta que siento la venida del orgasmo. En ese momento, salgo de dentro de ella y me corro sobre la piel húmeda de sus nalgas. Ella, traviesa de nuevo, agita su culo cuando yo extiendo el semen con el miembro, dándole azotes con él como si fuera una vara. Los chasquidos de la carne se escuchan muy fuertes bajo la bóveda de ramas. Ya algo más perezosos, nos ayudamos de la linterna del móvil para salir del parque, para sortear los escalones, las subidas y bajadas. De nuevo, en el silencio de la noche, se cierra la cancela con un leve chirrido. Es cerca de la una de la noche. De vuelta en su coche a nuestro lugar de la cita, donde el mío sigue aparcado, nuestras manos vuelven a buscarse intermitentemente. Sonrisas tímidas. Ahora hablamos menos, nos dejamos mecer por el vaivén del coche. En cierto momento, giro mi cabeza y le observo las rodillas. Algo me llama la atención. Me inclino un poco más. Observo unas marchas rosadas en la piel, y algunos granitos de tierra o arena. «Claro, de cuando estuvo arrodillada», pienso. Entonces siento una punzada de culpa y llevo ...