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La mamá de Joaquín
Fecha: 16/09/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... preguntó. —Cómo quince minutos. — Empecé a desabrocharle los botones de la camisa —Seguro que piensa que te quiero chamuyar, pero que ni en pedo me vas a dar bola, así que más que eso no va a tardar. —¿Y qué me vas a hacer en quince minutos? —Venía para acá. La llevé hasta el fondo, donde estaba el patio. Como había un paredón grande, nadie nos podía ver, además así teníamos tiempo si escuchábamos que mi hermano volvía. —Es una locura esto. —Aguante la locura entonces. Andrea se apoyó sobre una pileta de cemento que la vieja usa para lavar ropa. Dobló una pierna y sacó cola. —Dale, cogeme, pendejo. La agarré por detrás, de la cadera, y le empecé a levantar la pollerita. —¿Por qué no me visitaste antes? —le pregunté. Me la quería coger, pero también le quería hablar, y solamente teníamos quince minutos. —No me animé. —me dijo. —¿Y ahora por qué viniste? —le acaricié el orto, y le bajé la hermosa tanguita blanca que tenía. —Necesitaba verte. —Necesitabas que te coja. Y bueno, acá tenés lo que querés. Saqué mi verga. Me acomodé. Cuando me avivé de que esta vez tampoco había agarrado preservativo, estuve a punto de correr al cuarto a buscar, pero la mina estaba tan caliente que no me dijo nada, así que me aproveché. Le di una nalgada. Me re ponía al palo esa mina. Y saber que fue a buscarme, habiendo podido cogerse al tipo que quisiera, me hacía sentir zarpado de bien. Me agarré de su cintura y se la mandé. —¿Te gusta mi ...
... pija? —Sí Pitu. —Decilo. —Me gusta tu pija, me encanta tu pija, pendejo morboso. Se la metí con más fuerza. Su conchita estaba toda mojada, y su fluido se chorreaba sobre mi verga. Dio vuelta su cara, y le comí la boca mientras se la mandaba. Andrea empezó a gemir cada vez más fuerte. No sé si los vecinos la habrán escuchado, pero en ese momento a ni uno de los dos nos importó. —Esto es una locura. —decía, de repente. Pero ya estábamos metidos hasta las narices en esa locura. En un momento paré de cogérmela y me arrodille para chuparle el culo. No quería que se vaya sin sentir esas nalgas y ese agujerito delicioso en mi lengua. Lo saboreé como si estuviese muerto de hambre. Le mordí un cachete de la cola. Ella pegó un gritito. Me paré y se la mandé de nuevo. —Sí, dame tu pija por favor. Escuchar esas palabras salir de su boquita fue demasiado hermoso. La penetré de nuevo, y ella empezó a gemir y a retorcerse en mis manos. La voz de trolita que largaba me encantaba. Le metí dos dedos en la boca, como ella había hecho conmigo la primera vez que estuvimos, y Andrea los chupó todos, dejándome su rica saliva en mi piel. Después me chupé los mismos dedos y me tragué toda su saliva. Mientras me la cogía, le manoseaba el orto. La pollerita bailaba al ritmo de mis manos. Andrea me miraba. De sus ojitos salían algunas lágrimas. A veces, el placer también es sufrimiento, pensé. Ella gritó, y tiró su culo para atrás. Largó un gemido bien largo. Había ...