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La historia de Ángel, solo era un muchacho (45/59)
Fecha: 19/09/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
... biblioteca y sin llamar abrí la hoja derecha, Eduardo permanecía sentado ante su mesa tapizada de cuero verde, mirando la gran pantalla de plasma y desvió la mirada hacia la esperada visita. Me acerqué observándolo detenidamente, estaba más delgado y con menos pelo, pero seguía siendo el imponente hombre de mis recuerdos, si yo le analizaba él no hacía menos conmigo, sonrió y me hizo un gesto para que terminara de hacer el recorrido. -¡Hola pequeño! ¿Te vas a quedar ahí como una estatua? -¡Hola Eduardo! ¡Gracias por recibirme en…! -no me dejó seguir hablando y se colocó un dedo sobre los labios. -¡Shissss! Ven aquí. -me indicaba sus piernas para me sentara sobre ellas como era su antigua costumbre. Le miré indeciso, su delgadez me impresionaba y él lo entendió. -No me vas a romper. -me coloqué sentado como tantas otras veces y le pasé la mano por la cabeza acariciando el escaso pelo blanco. Me sostenía sobre los pies para no pesarle y él me sujetó la cintura para que terminara de tomar asiento sobre una pierna. Me giré hacía él y aproximó la cara para besarme la boca, le respondía al beso abriéndola ligeramente, sentía la presión de su brazo apretándome contra su pecho, su aliento tibio y con olor a violetas rozando mis labios, la dulzura de su saliva cuando me introdujo la lengua. La mía salió a su encuentro y nos fundimos en un suave beso sin exigencias. Sabía besar de maravilla. Me lamió la lengua, los labios, yo hice lo mismo gozando de su ...
... ternura que parecía paterna, hasta que reí ahogado, se había recortado el bigote y me hacía cosquillas en la nariz con sus pelos. -Bienvenido a tu casa pequeño, a tu mundo, donde debes estar. -Gracias Eduardo, por acogerme y brindarme tu casa. -No vuelvas a repetirlo, esta es tu casa y así lo debes tomar. -volvimos a besarnos, me daba cuenta del cariño que aquel hombre me tenía, y claro que estaba desmejorado, flaco, y se le notaban los estragos que su enfermedad operaba en su organismo además de los años, pero aún estaba fuerte. Escuché un pequeño gruñido y busque el origen, del alejado sofá chester, Dulce saltaba al suelo y se acercó a paso rápido, pero sigiloso, observándome, llegó y puso las patitas delanteras en la otra pierna de Eduardo reclamando sus derechos. Había crecido, quizá habría alcanzado su máximo crecimiento, adelanté la mano para acariciarle la cabeza y volvió a gruñir, la retiré con rapidez y Eduardo soltó una carcajada mientras Dulce movía el rabo de un lado a otro. -Perro malo, ¿te has olvidado de Ángel? -Dulce me miraba lastimero, parecía haber comprendido lo que le decía Eduardo, acercó su ociquito negro y húmedo y empezó a olerme, volví a intentar acariciarle y me lamió la mano. Eduardo no terminaba de reír. -Si que te recuerda, te da la bienvenida. -Dulce se animó y se subió sobre mis piernas, intentando llegar a mi cara para lamerla como hizo con la mano, le abracé y le subí para que lo hiciera. Fue en ese momento cuando me sentí ...