1. Desde que mi madre se convirtió en viuda


    Fecha: 02/10/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Hace ya mucho tiempo que murió mi padre. Cuando ocurrió yo tenía once años, por eso no sé cómo ocurrió, ni mi madre me pudo hablar de ello al menos en cuatro años; entonces me enteré por fin: mi padre agarró un mal que ni los médicos pudieron hacer nada. Se murió. Me acuerdo vivamente, aunque el tiempo dicen que lo cura todo y ya no lloro.
    
    Lo que recuerdo es que el día del entierra regresábamos todo e mundo hacia casa desde el cementerio, que está alejado de la población. Por el camino se iba despidiendo la gente y se fueron todos. Los últimos en irse fueron mi tía Adelaida, su esposo mi tío Santiago y mi primo Santi que tenía 13 años entonces. Al despedirse, mi tía me besó muy cariñosamente, porque me quiere mucho, mi tío me dio un apretón de manos, él es poco besador, y mi primo, extrañamente, me besó en la boca, pero no di mayor importancia ni los demás tampoco. Recuerdo dos o tres besos más en la boca que me dio mi primo en diversas ocasiones, pero ya lo relataré algún día.
    
    Nos quedamos mi madre y yo solos para llegar a casa. Los dos estábamos afligidos y muy afectados, nuestros ojos húmedos y con ganas de explotar. Estando aún en la puerta, mientras mi madre buscaba las llaves de casa en su bolso, se acercó mi tía corriendo para decirle a mi madre que había cocinado para la cena y donde lo había puesto. Nos volvimos a besar. A lo lejos mi primo y mi tío miraban. Mi primo Santi levantó la mano en un abur.
    
    Entramos en casa, subimos en el ascensor, suerte que no ...
    ... encontramos a nadie. Mi madre cerró tras de sí la puerta de nuestra vivienda y se desmoronó en un violento ataque de lágrimas. Me contagié y los dos estábamos abrazados llorando. No sé cuánto tiempo pasó hasta que nos pudimos desahogar con nuestras lágrimas, pero miré por la ventana y ya estaba oscuro y eso que cuando llegamos al portan de casa aún hacía sol, aunque había sol en la parte alta de los edificios, pero el sol no se veía.
    
    Creo que mi madre se armó de valor para hacerme comer. Ella no comió, yo poco porque no tenía apetito. Es que mi padre se desvivía por nosotros, solo pensaba en nosotros dos y estaba encima de nosotros dos, procurando nuestro bien, compraba cosas a gusto de cada uno y otros mil detalles. Una vez desaparecido el cadáver de mi padre y verlo meter en aquel nicho, eran las 4:00 de la tarde, me impresionó tanto que se me quedó grabado en los ojos como en una película. Algo así debió de pasarle a mi madre también. Después de cenar nos sentamos un rato en la sala de estar. Ninguno de los dos pensó en poner el televisor en funcionamiento, solo nos mirábamos y de vez en cuanto nos contagiábamos con el llanto.
    
    Todo el día de atender personas en el velatorio que se hizo en el Tanatorio de la Asunción, nos había puesto animosos porque vimos la cantidad de gente que apreciaba a mi padre, pero nos cansó más de lo que nuestras personas podían resistir, aunque resistimos. Como estábamos tan cansados, mi madre me indicó que fuéramos a dormir. Me fui a mi ...
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