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Dos viudas y un destino
Fecha: 02/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
La llegada de unas muy especiales fiestas que se celebran cada cinco años, era motivo para que estás atrajesen la atención de otras comarcas así como de pueblos más o menos lejanos. Si este tenía 7000 habitantes durante las fiestas estos se multiplicaban por 2 o por 3. Aquello era un inmenso gentío que quería participar en lo que fuese. Gozar de los parientes que llegaban de otras regiones. Amistades que hacía años que no se encontraban, así aquello era una inmensa Babel que llenaban las calles, bares, restaurantes, autos de choque, actos deportivos, etc. etc. En la familia de doña Engracia al ser está de reducido número, decidieron invitar a unos parientes que tenían en la capital del reino. Aquellos se componían de cuatro personas. Una mujer de unos 52 años de buen ver la hija viuda de 28, y una chica y un chico hijos de la joven viuda. En la casa de doña E ngracia, era ella, su marido , así como dos hijas adolescentes. Como las famosas fiestas duraba en casi dos semanas, daba tiempo para todos los excesos. La casa convirtiéndose en otra B abel en miniatura. Al haber gente joven aquello convirti e se en un pequeño manicomio, música a todo volumen entradas nocturnas a cualquier hora de la noche, carreras, gritos, lo normal por aquellas fechas con jóvenes con ganas de gozar sin límite y vivir desordenadamente durante aquellos alocados días. La familia de doña E ngracia, ir a una familia tradicional, el marido de ella trabajaba ...
... en una empresa de la zona y ella mantenía el orden en casa. Sin cambios significativos, sin estridencias. Este marido era un hombre tranquilo, afable y bastante casero. H acía muchísimos años que no se veían debido a que l a s dos últimas fiestas coincidieron con problemas familiares. Est a s, también costumbristas, vestidas totalmente de negro. Pero tanto la una como la otra no es que estuviesen de buen ver, sino que eran dos mujeres de las pocas que se ven. Sí la mayor con 52 años, estaba como un melocotón maduro, la hija con un melocotón en almíbar. Sí ardiente era una, la otra más. Al marido de doña Engracia aquellas mujeres lo llenaron de extraños y lujuriosos deseos. Tenían el porte de la mujer de la ciudad, sabían expresarse como dos señoras, y eran extremadamente gentiles. E n cambio , doña E ngracia, era una mujer de pueblo, discreta y poco favorecida por la naturaleza. Tampoco el marido era para enamorar a nadie, con una barriga como un barril de cerveza y una estatura que no sobrepasaba el metro 65. Eso sí, tenía una sonrisa atractiva y al mismo tiempo era una persona cálida en extremo. Al ser aquella una casa relativamente antigua los servicios estaban en la planta baja así como una gran cocina. En la tercera o cuarta noche de las fiestas y como por la televisión daban un partido de fútbol televisado desde el otro lado del Atlántico el marido de doña Engracia se levantó pasadas las 2 de la madrugada para verlo en ...