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La Dama De La Justicia
Fecha: 03/10/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... ¿Podría ser el mismo hombre que había amado tanto y que le había hecho tanto daño? El que tras abandonarla por perseguir a otra mujer, le había dejado el corazón tan roto, que cuando bailaba, ya no se escuchan sus pasos, sino cristales rotos. ¿Sería ese su Andy? —Vial... —vaciló apoyando la barbilla en sus nudillos. —Cuenta conmigo —afirmó sin pensar. ¿Qué le ocurría a esa lengua suya imprudente? —¡Excelente! —murmuró eufórico. —Te dejaré la dirección de mi despacho con tu secretaria. Está en un centenario edificio victoriano cerca de Harvard Square. Normalmente trabajo con una chica recién egresada, Ellen, pero tomó su post-natal y sólo estamos la señora Wurtz, que es mi contadora y yo. Podemos fijar tu parte de los honorarios mañana. ¿Te parece? No, no le parecía. Mas, ya era demasiado tarde para retractarse o mostrar algún signo de arrepentimiento. Eurídice Martensen Ulloa no era ninguna cobarde. Nadie ni nada podía asustarla, nunca más. —Te veo mañana en la tarde sin falta —dijo estirando el brazo para estrecharle la mano. —Déjale tu número a Ximena, cielo. Arreglamos cuentas luego. —Le guiñó un ojo y lo acompañó a la salida. Al pasar por recepción y dejar todos sus datos, Jonathan muy contento, buscó en la seria secretaria algún síntoma de desconfianza hacia su persona, pero al finalizar ella le sonrió con coquetería, a lo que el abogado respondió con similar expresión de desprecio con que ella lo había atendido en primer lugar, mostrándole la lengua ...
... como un crío y retirándose de buen humor del despacho de su colega. Al día siguiente. Andrew Vial estaba atónito después de la conversación de su última llamada. Jonathan Klein -su abogado-, lo había llamado para informarle que habría otra abogada sumada a la defensa. Su nombre era Eurídice Martensen Ulloa, y si por algún motivo Klein se ausentaba en algún momento, ella tomaría el caso. En efecto, eso no representaba mayor problema. Los abogados litigantes se aliaban con colegas todo el tiempo. El verdadero inconveniente en todo aquello, era que él conocía solamente a una persona con ese nombre y, probablemente no tendría el mejor concepto de él. Luego de abandonarla hace años por ir tras el estirado, bonito y sofisticado trasero de Camila, su esposa. Se preguntó nervioso, si se trataría de ella. Sería demasiada coincidencia que se tratase de ella, ¿verdad? Debían existir un montón de Eurídice Martensen en el mundo, aunque muy pocas que fueran abogadas de profesión como él. De todos modos, lo sabría dentro de unos minutos. Mientras tanto, intentó no pensar en eso, palmeando con aire protector la espalda de Boris y sonriendo a Camila, pero sólo se formó una horrible mueca en su rostro. Estaba preocupado y cada vez resultaba más complicado ocultarlo. Boris lo sacó de su ensoñación y se soltó todo tipo de contacto diciendo: —Son las seis, deberíamos entrar. Camila asintió y Andrew se desabrochó el cinturón de seguridad con las manos sudorosas. La pequeña ...