1. Incestos con la tía abuela, la tía y la prima


    Fecha: 03/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    La vieja Agustina.
    
    Se llamaba Agustina y era la tía abuela de un amigo mío. Vivía en una casa en medio del monte, era delgada, baja de estatura, tenía muchos años, no estaba arrugada, y su cabello blanco lo llevaba recogido en un moño.
    
    Paso a contar la historia cómo Lucho me la contó y cómo si yo fuera él.
    
    Un día le fui a cortar leña. A la hora de la merienda, sentados a la mesa de la cocina, con un trozo de pan de maíz, un trozo de queso, una botella de vino tinto y un vaso delante, me preguntó:
    
    -¿Qué tal de chavalas, Quique?
    
    Yo en aquellos tiempos era un muchacho fuerte, de estatura mediana, ojos negros y pelo castaño, le respondí:
    
    -Son cómo las anguilas, Agustina.
    
    -Escurridizas, eh.
    
    -¡Y tanto!
    
    -¿Y con los chavales? Alguna mamada habrá.
    
    Lo de la mamada me dejó descolocado, pero le seguí la corriente.
    
    -Algunos las hacen, a mí no me va.
    
    -¿Que darías por follarte a unas cuantas mujeres de este pueblo?
    
    -¿A unas cuantas?
    
    -Sí, a unas cuantas que van desde los dieciocho años a los cuarenta años.
    
    Me entró la risa floja.
    
    -¡Vaya surtido!
    
    -¿Qué darías?
    
    -Nada, porque eso es imposible.
    
    -Si me haces un favor me encargo de presentarte a las primeras.
    
    Me empezó a dar pena mi tía abuela Agustina.
    
    -Esto de vivir sola le está afectando a tu salud mental, Agustina.
    
    La vieja se levantó, cogió una libreta en un cajón y me dijo:
    
    -Hice que se corrieran cientos de mujeres, de este pueblo y de pueblos de los alrededores, madres, ...
    ... hijas, hermanas, primas. Te enseño la lista si aceptas lo del favor.
    
    Otra vez me pillaba descolocado. ¿Por qué me contaría algo tan íntimo? Echando balones fuera, le pregunté:
    
    -¿Y de que me valdría la lista?
    
    -Te podrías forrar.
    
    Sus palabras solo podía decir una cosa.
    
    -¡¿Fuiste puta?!
    
    -¿Cuántas veces me has visto trabajar?
    
    -Nunca.
    
    -¿Ves que me falte de algo?
    
    -Pues no. ¿Cómo empezaste en el negocio?
    
    Se explayó en la respuesta.
    
    -A los dieciocho años empecé a follar por dinero con hombres y mujeres casadas, solteras y viudas. Ellos me pagaban con dinero y ellas, unas me pagaban con oro y plata, en forma de cadenas, pulseras... Otras con garrafas de vino, otras con animales... El caso fue que los hombres hablaban entre ellos, y ellas, una se lo decía a su mejor amiga, esa a otra mejor amiga y así se montó la cadena. No sabían unas de las otras, por eso podían meterles los cuernos a los maridos o a los novios y seguir presumiendo de honradas, eso las que tenían pareja, claro. Me tengo corrido cientos de veces con ellos y con ellas. A los 50 años ya ellos dejaron de venir pero algunas siguen viniendo.
    
    -Acepto. A ver qué material hay en esa libreta.
    
    -Aún no sabes cuál es el favor.
    
    -Me lo imagino.
    
    -No creo. Quiero que me comas el coño.
    
    -No se comerlo, si supiera te lo comía.
    
    -Yo te enseño.
    
    No me corté un pelo.
    
    -Quítate las bragas y dime cómo se come.
    
    Separó la silla de la mesa, se levantó el vestido, quitó las bragas y vi su ...
«1234...7»