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Elige bien antes de entrar a robar en una casa.
Fecha: 05/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... formaban una combinación para nada desagradable a mi paladar, justamente lo contrario me atrevería a decir. Fue tal el placer que comencé a jugar con el plug como si de un chupete se tratase, ya no lo chupaba para intentar vomitarlo sino para que entrase cada vez más y más fuerte en mi garganta. Cansada de felar mi miembro, Luz se levantó y haciendo uso de su poder, agarró el cuadro tirándolo al suelo; todo me pareció una locura hasta que cogiéndome de la silla sobre la que me encontraba atado me lanzó sobre el cuadro. Caí despavorido, aturdido por el golpe, tal fue el impacto que creía haberme roto, pero lo que verdaderamente fue la silla junto con el cuadro. Mi resignación por ver mi fortuna hecha añicos me hizo olvidarme por unos segundos de Luz, la cual aprovecho para introducirse de nuevo el plug en su recto. -Oye…se escuchó a mis espaldas. Fue entonces cuando al girarme Luz se abalanzó sobre mí y rodeándome con sus piernas como lo había hecho al principio de la noche, comenzamos a follar sobre aquella obra de Picatso. Luz se había soltado la melena, ahora parecía otra distinta; su mirada se clavaba a través de sus gafas sobre nuestros sexos, se excitaba cada vez que veía su coño engullir mi polla hasta lo más recóndito de su ser. La vagina de Luz no lubricaba para nada, tal vez sufriese de menopausia, mejor dicho, era obvia su menopausia, pero esa resequedad vaginal nos producía tal dolor a ambos que nos enfermaba a continuar. Con cada movimiento de nuestros ...
... cuerpos podía notar la cola de aquel animal que me estaba follando, no es ninguna metáfora ya que me estaba follando realmente a una zorra. Cansado de que aquella camisa estuviera privándome de algo tan placentero como eran sus pechos aproveché mi libertad momentánea para arrancársela de inmediato. En ese momento dos pechos manchados de arrugas y estrías cayeron sobre mí. La punta de mi lengua comenzó a surcar los ríos de piel que formaban aquellos pliegues dados por la edad. Fui recorriendo todo el mapa hasta encontrarme con dos grandes islas a las cuales bauticé como pezones. Se trataban de dos circunferencias perfectas las cuales tenían una especie de saliente en su epicentro, el cual no dude en morder para estar seguro de que nada de aquello se trataba de un sueño. Un ligero gemido y arañado de Luz me hizo darme cuenta de que todo era tan real como la vida misma. La pintura del cuadro empezó a derretirse a consecuencia del calor que emanaba de nuestro fuero interno, hasta tal punto de empezar a fusionarnos con la obra. Luz y yo comenzamos a decorar nuestros cuerpos con pintura, no solo follábamos sino que clavábamos nuestras manos en los charcos de pintura que se creaban a nuestro alrededor al mismo tiempo que dejábamos muestras en el cuerpo del otro de que hubo un momento en el que fuimos arte. Al igual que todo artista sentíamos que nuestra obra no estaba terminada, así que siendo yo ahora el que agarraba el extremo de la cola de zorro y Luz rodeándome con sus ...