La vida de Paula
Fecha: 10/10/2022,
Categorías:
Dominación / BDSM
Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Me sorprendió que los hombres no hicieran ningún aspaviento por el hecho de no llevar ropa interior. Parece como si lo esperaran.
Al fin vi a mi marido levantarse de su sillón, viniendo en mi rescate….. O eso pensé yo.
Se dirigió hacia un armario que había en la pared. Lo abrió, sacó una bolsa, y vino hacia mí.
Extrajo de la bolsa un collar, fino, de cuero, con una anilla y una placa en el centro sin grabar. Espero pacientemente hasta que los hombres terminaron de quitarme el vestido, que dicho sea de paso eran bastante torpes, y se les atascaba la cremallera cada dos por tres. No atinaban porque alternaban el tirar de la cremallera con tocar alguna parte de mi cuerpo ya semidesnudo.
“Paula, arrodíllate!”, me dijo con voz firme y dominante
“Pero cariño…”, intenté decirle con voz suplicante
“Obedece”, gritó con voz seca y tajante.
Agaché la mirada y me arrodillé.
Mientras sentía sus manos colocándome aquel collar en el cuello, pensé en las veces que de novios habíamos jugado a algún juego de dominación. Yo creía que solo era esa, una variante más del juego sexual, alguna atadura, algún azote, pero nada más. En ningún momento me planteo la idea de que él era dominante y que yo tenía que ser su sumisa.
“Ponte a cuatro patas!” volvió a resonar su voz fuerte y ronca en el saloncito.
Lentamente apoye mis manos en el suelo. Una palmada en las nalgas, me hizo reaccionar y hacerlo más rápido.
“Más rápido perra. Estos señores están ansiosos por jugar ...
... con su perra”, dijo mi marido.
A cuatro patas, esperaba silenciosa lo que viniera. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Apenas llevaba cuatro días casada, y estaba allí, desnuda a cuatro patas por orden de mi marido ante tres hombres que me podían, en el mejor de los casos, duplicar la edad. Y además con órdenes de ser su perra. Increíble.
De la bolsa, mi marido sacó una correa, me la enganchó en la anilla del collar, entregando el asa de la correa a uno de los hombres.
“Aquí tienen a su perrita. Vendrá mañana un coche a buscarla a las diez de la mañana. Hasta entonces es toda suya”, sonó la voz de mi marido.
A la vez se agacho y me dijo al oído:
“Recuerda que eres su perra. Obedéceles en todo lo que te pidan y no rechistes a nada. Se usan tus tres agujeros, tragas todo lo que te caiga en la boca y solo usaran condón si así lo desean ellos.”
“Pero…”, le interrumpí
Una sonora bofetada cortó mi suplica. Me ardía la cara, y me seguía hablando.
“Te he dicho puta, que no rechistes a nada. Mal empiezas. Procura que mañana no me den una sola queja de tu comportamiento”, me volvió a susurrar al oído a la vez que me cogía del cuello levantando hacia él mi cara.
Sin más abandonó el saloncito, dejándome con aquellos tres hombres.
El que tenía la correa, tomo la iniciativa.
“Bueno, vamos a pasear a la perrita. Así podrá hacer sus necesidades y no molestará por la noche”
Los otros dos rieron la gracia.
Noté como tiraban de la correa haciéndome ...