1. La vida de Paula


    Fecha: 10/10/2022, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... andar a cuatro patas, dirigiéndonos a la puerta del saloncito.
    
    No puedo creer, que vayan a sacarme así a la calle. Por muy apartado que este habrá gente. Esto es de locos.
    
    Pero sí, lo iban a hacer y lo hicieron. Cruzamos el pasillo y dimos directamente a la puerta de salida de la casa. Abrieron la puerta y salimos. Me costaba caminar. El suelo era empedrado y las piedras se clavaban en mis rodillas,
    
    “Vamos perra, no te hagas la remolona. Olisquea y busca un sitio para mear”, me dijo el que llevaba la correa.
    
    ¿Lo estaba diciendo en serio? ¿De verdad pretendían que meara allí afuera como una perra?
    
    La última advertencia de mi marido: “Te he dicho puta, que no rechistes a nada. Mal empiezas. Procura que mañana no me den una sola queja de tu comportamiento”, martilleaba mi cerebro.
    
    Entendí que debía seguir el juego. Si es que aquello se podía llamar juego. Estaba sola, mi marido se había ido, y aquellos tres tipos que podían ser mis padres, cuando no mis abuelos estaban dispuestos a pasarlo en grande con mi cuerpo.
    
    Valoré las opciones. ¿Salir corriendo? ¿Y adónde iba desnuda?
    
    Hablar con ellos y decirles que es todo un mal entendido, que no soy la perra de nadie, etc, etc
    
    Incumpliría con creces lo que me había dicho mi marido, y me estaba dando cuenta que el hombre que conocí de novios, tenía poco con ver con aquel que acababa de abandonar la mansión.
    
    Una patada en el culo, me hizo aparcar mis pensamientos
    
    “Vamos perra, mea”, insistió el ...
    ... tío
    
    Recordé cuando veía a la gente pasear a sus mascotas, y como actuaban estas.
    
    Empecé a olisquear las plantas y esquinas que veía, lo cual causaba gran alborozo entre los hombres. Cuando llegué a una zona ajardinada, que supuse era la mejor para orinar, recordé también como orinaban las perras. Separa las piernas, arrimé mi culo al suelo y oriné. La verdad es que salió un buen chorro que jaleaban los hombres con estrépito.
    
    Cuando acabé, el que me llevaba de la correa me dijo,
    
    “Ahora límpiate el coño con la hierba, seguro que lo tienes todo meado”
    
    Pufff, pensé para mí.
    
    Instintivamente, agaché nuevamente mis caderas, hasta que mi sexo topó con la hierba. Hice unos movimientos sobre ella, aunque realmente no llegaba a frotarme con la hierba.
    
    “Muy bien perra. ¿Caca quieres hacer?”
    
    No tenía la más mínima intención de hacerlo así es que conteste que no con la cabeza.
    
    “Está bien”, dijo el hombre.
    
    Otro de los hombres se agacho, cogió una rama gordita del suelo, y le dijo al otro…
    
    “Suelta a la perra, que corretee un poco”, acercándome la rama a la nariz y lanzándola a cierta distancia.
    
    “Vamos perra, corre, ves a por ella”, dijo divertido
    
    Joder, pensé, a la vez que salía caminando lo más rápido que podía hacia donde había tirado la rama. Cuando la vi, la cogí me la puse entre los dientes, y volví donde estaban los hombres.
    
    Risas, aplausos y caricias en el lomo como decían ellos, fue lo que recibí.
    
    Repitieron el juego varias veces. Yo tenía ya tanto ...