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Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela. 2
Fecha: 12/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Mi madre quiere follar contigo. Jacinto y yo bajábamos la cuesta de la aldea. Iba a la tienda a hacer un recado. Me dijo: -Mi madre quiere follar contigo. Lo miré con cara de asombro. -¡¿Te lo dijo ella?! -Sí, le dije lo larga y gorda que era tu polla y se muere por jugar con ella. -¿Y qué más le dijiste? -Que te la mamé. -¿Es que le cuentas todo lo que haces? -Soy un buen hijo. -Un buen hijo de puta. -Eso también. ¿Vas a ir a mi casa? -¿Cuándo quiere que vaya? -Después de comer Alicia y yo nos vamos a Pontevedra a la casa de los abuelos. Te estará esperando en su cama. Llegamos al río y allí estaba mi tía Carmen lavando la ropa. Carmen era una mujer fibrosa, alta, morena, con el cabello negro azabache que le llegaba al culo, cabello que en ese momento llevaba recogido en una cola de caballo. Creo recordar que tenía 38 años, lo que recuerdo bien es su culo redondo, sus gordas tetas y sus labios carnosos, labios que jamás había pintado. Frotando una pieza de ropa en la piedra del fregadero miró para su hijo y para mí. Vimos cómo sonreía y cómo las tetas se le movían hacia delante y hacia atrás. La polla se me puso dura. Mi primo vio el bulto y me echó la mano al empalme. Le dije: -Estate quieto que nos pueden ver, cabrón. Media hora después fui al monte con la idea de hacerme una paja a la salud de mi tía y al pasar por delante de Sésama sentí un ruido que venía de dentro. Hacía años que no entraba en la cueva y pensaba que ...
... estaría todo lleno de humedad. No era así, estaba casi igual que la última vez que comiéramos allí unas cerezas. Entré en la cueva y me encontré a Conchita, estaba de espalda a mí con las manos en la cara. Siempre fui rápido pensando. Era nuestra cueva, y si Jacinto le comiera el coño a ella y a su hermana, entre ellas había algo. Le dije: -Así que este es vuestro nido de amor. Conchita se dio la vuelta, tiró al suelo las bragas que estaba oliendo, echó una mano al corazón y me dijo: -¡Casi me matas del susto! Me acerqué a ella. -¿Quién es una chica mala? -Déjame salir de aquí, Quique. Me aparté y le dejé espacio para que se fuera. -Tira. ¡Qué suerte tiene mi prima, coño! No se movió del sitio. -Tu prima y yo no jugamos a esas cosas que tú piensas. Mirando para las bragas que había estado oliendo y que tirara al suelo, le dije: -¿No? Entonces aún es peor, pues esas bragas son de prima. -¿Y tú cómo sabes eso? Las había visto en la huerta de mi tía, estaban a secar sujetas con pinzas, pero no le iba a decir eso, le dije: -Lo sé y punto, cómo sé que si yo no aparezco, ahora mismo te estarías haciendo una paja. Se hizo la decente. -¡Qué dices! -A ver, Conchita, si estabas oliendo unas bragas es porque te ibas a hacer una paja, y yo si vine al monte fue para hacer otra. ¿Te hago yo una y me haces tú otra a mí? Se puso altanera. -¡¿Me has visto cara de guarra?! -Tu cara es de angelita, pero de una angelita que se hace ...