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Mi prima se viste de novia (Capítulo 22): Final
Fecha: 14/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
Cerré los ojos con fuerza cuando escuché, de fondo, que un grupo de mujeres sostenía una “A” en Sol mayor. El último día de nuestro viaje, habíamos casi descubierto que en el balcón de nuestro camarote había dos reposeras. Una de ellas sobraba, estaba de más. La otra en cambio, nos vino al pelo. Julia me dijo que no importaba lo que pasase al llegar, que ahora le debía una fiesta y que se armaba flor de quilombo si no se la hacía. Todavía entre lágrimas me dijo que quería hacer la fiesta de la chupapija. Sí o sí. Y si nunca me había podido negar a los pedidos de mi prima, no iba a empezar justo allí. Todo el día estuvo chupándome la verga en esa reposera. Mirando el cielo, el mar del mismo color, y las estrellas luego. Todo el día para tragarse el último guascazo acumulado del viaje. A las 00 exactas le llené la boca con semen y un minuto después mi primita preferida dudaba todavía si deglutirlo o seguir saboreándolo un poco más. Cuando finalmente se la tragó, se echó a reír. Todavía entre lágrimas por la curiosidad inmensa que tenía sobre mi decisión, pero dejándole un espacio a una sonrisa, me dijo que era la primera vez que se tragaba mi semen directo de la pija. Y pensándolo bien, tenía razón. Luego me pidió que le haga la cola. Luego la concha. Que se la chupe. Y que le rompa el culo, después. Que teníamos que aprovechar al máximo las horas que nos quedaban. Y que si no tenía más leche, que la mee. Que algo mío se iba a tragar a cada rato. Al ...
... final del viaje habíamos llegado a tal punto en dónde solo debía decirle una palabra para lo que quería. “July: Cola”, y la ponía. “July: Concha” y se acomodaba. “July: Boca”, y peteaba sin siquiera responderme. Tuve también la precaución de no dejarle centímetro alguno de su cuerpo, sin probar con la lengua. Ella hizo lo mismo. Chupamos cosas que nunca antes y como nunca antes, tuvimos nuestra piel cubierta de saliva. Tanto me costaba abrir los ojos, que esa “A” se volvía insoportable. Las minas parecían no soltarla más. Aunque sea una desafinación mínima me habrían calmado la ansiedad. Pero no. Seguían en Sol mayor, mientras yo hacía más y más fuerza con los parpados, porque no las soportaba. Y ni siquiera habían pasado cuatro segundos y 14 milésimas. Le conté al paso sobre aquella regla que iba a poner si ella se venía a vivir a mi departamento. Aunque sea por un tiempo, hasta mudarnos de ciudad, de planeta de ser necesario. Pero sea en dónde sea, en la casa sólo se podía andar en bombachita. Cada vez que la puerta se cerraba, la ropa se iba. Y mientras yo disfrutaba de la sensación de paz que me brindaba escuchar mis deseos expresados en palabras, Julia se entusiasmaba de esa forma que tanto me gustaba. Recibía de su rostro otra cuota más de esa paz, que me garantizaba que todo iba a estar bien, si decidía vivir en el pecado del incesto, eventualmente, todo estaría bien. Yo no podía dejar de pensar en por qué carajos nos separábamos al ir a buscar las latitas por ...