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Mi prima se viste de novia (Capítulo 22): Final
Fecha: 14/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
... los bares. Si de todas formas, nos iban a dar una a cada uno. Esos minutos perdidos, por no pensar del todo bien, se volvían oro a medida que cruzábamos el océano hacia nuestro hogar. Y, aunque les parezca una locura, tampoco podía quitar de mi mente aquellas figuritas de Boca. Aunque ya ni sabía en dónde estaban. Hasta sospechaba, incluso, que las había tirado en alguna que otra mudanza. Pero significaban mucho más que su forma física. Porque, como les dije, aquello que Julia había hecho por mí, era felicidad. Me pidió luego que le acabe en una bombacha, para lamerla en su casa, cada vez que quería. Por si decidía que vivir juntos no era posible. Ingenuamente le ofrecí un bóxer con mucho olor a pito, pero se cagó de risa cuando le dije que le podría dejar un lechazo, o los que llegase a largar, ahí, en vez de su tanga. Se rio porque me explicó que una bombachita suya sería mil veces más fácil de disimular entre su ropa. Que nunca nadie iría a sospechar de esa forma que tenía guasca de su primo escondida, para lamer cuando quisiese. Aunque la idea era fantástica y me había dejado reflexionando sobre cuántos hombres habrá por el mundo ignorando que sus mujeres tienen semen ajeno escondido de esa manera, yo le pedí una bombacha de ella cuando se ofreció a usar uno de mis bóxers para impregnármelo con sus jugos. Se puso aquella del corazón en la concha, y aunque ya estaba sucia, se pajeo conmigo para mojarla entera. Al dármela de recuerdo, no dude en sumarla a ...
... mi colección. Oliéndola desesperado le dejé un lechazo en la blanca que ya tenía uno viejo, para que no me olvide. Y las minas, entonces, dejaron de sostener la “A” en Sol mayor. Y supe que era tiempo de abrir los ojos. Desde aquel rincón del fondo, vi como mi prima dio el primer paso en la iglesia. Ahora el “Ave María” de Schubert la acompañaba a ella, vestida de ángel y de princesa, hacia el altar. Habían pasado dos meses desde la última vez que nos vimos, en aquel puerto de Buenos Aires, al que pensé que nunca jamás me atrevería a pisar de nuevo. Sólo habíamos hablado una vez, al otro día, y fue sólo para pedirle su contraseña del mail. Porque entre tanta desolación que sentía aquel día, solamente me calmó un poco la angustia enviarle los quince mil dólares en Bitcoins que el Usuario_PsyExA decía cobrar por esa información que me había cambiado la vida para siempre. Le pedí también que, por favor, retire los videos de Fabián culeando a la pendeja, y para mi sorpresa accedió. Me dijo que a cambio le cuente esta historia, que se la envíe al mail y él mismo se encargaría de subirla, semana a semana. También me devolvió el dinero y me pidió que trabaje para él. Pero en ese primer momento no quise saber nada. Ni sabía quién era, ni que hacía, ni cuanto pagaba. Ni tampoco me hacía bien. Y cuando mi alma entera se desgarraba por la duda de saber si había hecho bien en decirle a Julia que lo que debería hacer era pelear por el amor de su vida, ella sólo sonrió, entre ...