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Doña Rafaela, toda una jamona
Fecha: 26/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... mientras corría pasillo adelante. ¡Pobre madre, tener hijos para eso no sé hasta qué punto compensaba! Un monumento realmente se merecía como tantas otras y a las que apenas hacemos caso por tanta preocupación y sufrimiento como llevan encima. Comimos mis dos hermanos y yo junto a mi madre alrededor de la mesa. Deseando estaba yo en comer rápido y escapar aprovechando la pequeña siesta que mi madre solía hacer. Era uno de sus pocos momentos de descanso, una vez la pequeña había devorado el biberón y los otros se entretenían un rato con la tele. Escapé pues de casa con un beso en la mejilla de mi madre, dejándola estirada en el sofá frente a la tele y sin imaginar para nada las malas intenciones que me llevaban. En menos que canta un gallo, subiendo los escalones de tres en tres y sin toparme con nadie, me encontraba frente a la puerta de la casa de mis futuros pecados. Puedo jurar que el corazón me iba a mil por hora en el mismo momento en que presionaba el botón del marco de la puerta. Igualmente puedo asegurar que ni por asomo podía imaginar lo que allí podía suceder y lo que en realidad sucedió entre ambos. Ni más ni menos, doña Rafaela hizo de mí un hombre. La puerta se abrió y frente a mí apareció la mujer tan deseada, sonriéndome con su amplia sonrisa de oreja a oreja. El pichoncito no había podido resistirse a sus muchos encantos. - Sabía que subirías, estaba bien segura. Eres un curiosón como tu padre –con la misma sonrisa sardónica que había mostrado ...
... en la calle durante su interrogatorio. Sus palabras me dieron a conocer que algo entre ella y mi padre sin duda había habido, de manera que las muchas preocupaciones de mi madre no eran ni una invención ni locuras amargas de la edad. Sin decir más, me tomó de la mano haciéndome acompañarla al interior del inmueble. Doña Rafaela se había cambiado y vestía ahora de manera informal con una camiseta de un verde militar suave y de manga corta bajo la que le reventaban esos pechos de impresión, unas mallas blancas que a duras penas podían guardar tanta abundancia de carnes y que también le reventaban los muslos rollizos y aquel culo de amplias redondeces. Finalmente unas zapatillas para ir cómoda por casa terminaba el atuendo informal y sencillo. Estaba realmente marcona con aquel conjunto tan prieto y que parecía querer quebrarle la respiración, si no fuera por el poderío tan tremendo que aquellas ubres rollizas atesoraban. La seguí obediente sin quitar ojo al trasero voluminoso de la madura, a las caderas prominentes y al contoneo tentador que producía a cada paso que daba. Y de pronto y aún en el pasillo se volvió hacía mí. Como una ventosa me ahogó con sus labios. Un beso de tornillo con el que no darme tiempo a la respuesta, cogido como me tenía de la nuca. Como pude y tras el primer instante de sorpresa, traté de separarme de ella. - Por favor, por favor doña Rafaela… déjeme, ¿qué hace? - ¿Cómo que qué hago? –respondió casi gritando furiosa. No te hagas el ...