1. Doña Rafaela, toda una jamona


    Fecha: 26/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... baño en cuanto llegara a casa, necesitaba desahogar con urgencia gracias a la cercanía de la hermosa mujer. Pero estaba visto que también ella tenía su interés en mí y que no iba a dejarme escapar con facilidad.
    
    Ya en la puerta del portal de casa, sacó doña Rafaela la llave abriendo y pasando tras ella al instante. No pude evitar el clavar los ojos en aquel culo que el vestido remarcaba. Aquel culo era acojonante en consonancia con el resto del cuerpo, redondo y firme y en el que hubiera hundido la cabeza en ese mismo momento. Me contuve sin embargo, duro como me sentía bajo el pantalón. ¡Dios, qué paja, qué pajote iba a hacerme nada más llegara a casa!
    
    En la estrechez del ascensor, el carro y la cesta nos hicieron quedar muy juntos. Sentía su respiración junto a la mía en el silencio del minúsculo cubículo. Los dos solos en el ascensor, aprovechando la ocasión avanzó hacía mí sin cortarse ya lo más mínimo. Bajando la mano me tocó por encima del tejano, al tiempo que me acercaba los labios plantándome un beso suave y tierno antes de separarse a punto de llegar a mi piso. Yo no sabía dónde meterme, flipando en colores con el rápido roce de la mano reconociendo lo que allí se guardaba.
    
    - ¿Subirás luego a casa? –me pidió en un susurro antes de que la puerta del ascensor se abriese.
    
    - Sube al ático cariño, estaremos tranquilos ya verás – un raudo roce con la lengua y enseguida la puerta del ascensor se abría detrás de mí.
    
    Casi me topo de bruces con el señor Paco, ...
    ... el vecino del doce que esperaba el ascensor y al que saludamos, cerrándose la puerta frente a él mientras escapaba yo a la carrera con la cesta de la compra y sin acertar a meter la llave de casa hasta la tercera vez que lo probé. Ufff, casi nos pilla –un suspiro de alivio lancé entre el manojo de nervios que yo era. La entrepierna me dolía, pensé en dejar de lado la idea de masturbarme furiosamente en el baño pues la invitación de doña Rafaela me obligaba a guardar fuerzas y no dejarme llevar por la excitación.
    
    - ¿Trajiste todo cariño? –la voz de mi madre desde la cocina me hizo volver a la realidad del piso familiar.
    
    ¿Cómo lo haría para salir de casa y subir a la de la “femme fatale” sin que nadie ni nada me reconociese por el camino? Debía ir con sumo cuidado en cada uno de mis pasos pues si mi madre se enteraba se iba a liar bien gorda.
    
    - Sí madre, encontré todo lo que querías –respondí entrando la cesta a la cocina y dándole un beso en la mejilla.
    
    - ¿Puedes recogerlo? Deja los huevos y la cebolla en la encimera y lo demás lo guardas en la nevera. Carlos, ya sabes dónde va todo… Prepararé una tortilla para todos que tu padre vendrá con hambre canina. Tengo que cambiar a tu hermana, ya es la tercera vez que se hace encima.
    
    - Sí madre ya me encargo, tranquila no te apures –dije viéndola limpiarse las manos en el delantal, antes de salir en busca de la cuna donde mi querida hermanita berreaba a rabiar.
    
    - -Échales un ojo a tus hermanos -su tono de voz alta ...
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