1. Doña Rafaela, toda una jamona


    Fecha: 26/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Me hallaba en el súper comprando las cosas que mi madre me había encargado. Con la lista hecha para que nada se me olvidara y con tres hermanos más de los que ocuparse, toda ayuda era poca en aquella casa donde las quejas de mis hermanos y los continuos lloriqueos de la pequeña Adela se encontraban a la orden del día.
    
    Por mi parte, a mis dieciséis años y como el mayor que era, cada vez que salía de casa me servía de alivio y válvula de escape de manera que no era raro el que fuese yo mismo quien me ofreciese a mi pobre madre para ahorrarle parte del tiempo que siempre le faltaba. Mi padre estaba fuera todo el día en el trabajo, así que pueden imaginar todos los días a una mujer sola y con cuatro monstruitos a los que cuidar y alimentar.
    
    Como digo me encontraba en el súper, con la cesta en la mano y buscando algunas de las cosas que todavía me faltaban por recoger. Básicamente el café, pan de molde, queso en porciones y el queso en lonchas junto al chorizo y salchichón para los bocadillos y las cenas. Luego y al salir le diría a Nazaret, la amable dependienta, que me subía la cesta a casa y que más tarde o al día siguiente se la bajaba. Siempre lo hacíamos así, era la costumbre como clientes habituales que éramos.
    
    De un pasillo al otro tratando de que nada me faltase, mirando y remirando para no equivocarme y acertar con lo que mi madre pedía, ya casi estaba para acabar cuando me la encontré girando el pasillo.
    
    - ¡Hombre Carlos, tú por aquí! ¡Me vienes que ni ...
    ... anillo al dedo!
    
    Era doña Rafaela la que me saludaba de aquel modo tan efusivo que siempre usaba con todo el mundo. Con el carro de la compra a medio llenar, sabía bien lo que sus palabras significaban.
    
    - Carlos mi amor, ya que no te veo muy cargado, podrás ayudarme a tirar de esto hasta casa –la tez coriácea de su cara se sesgó en una amplia y encantadora sonrisa.
    
    - Oh claro, claro que no doña Rafaela –esbocé a mi vez una sonrisa con la que no se notara el fastidio que aquello me suponía.
    
    - Gracias cariño, me haces un favor. ¿te hizo bajar tu madre a por cosas?-una risa de oreja a oreja acompañando estas últimas palabras.
    
    - Pues sí pero no es mucho lo que hace falta –dije mostrándole la lista de la compra.
    
    - Vaya vaya, tú siempre con tu lista de la compra… se nota que tu madre te enseña bien.
    
    Acompañándola por los pasillos en busca de lo que nos faltaba, me fijé con disimulo en ella como siempre que me la encontraba hacía. ¿Y cómo no fijarse en una mujerona como aquella? De cincuenta años largos o tal vez ya en los sesenta, viuda hacía dos años de su marido al que las malas lenguas decían que había matado a polvos, era doña Rafaela una mujer con chicha por todos lados. Alta de pecho, un torbellino de mujer que se hacía notar allá donde fuera; jamona, tetuda y con caderas y culazo, al menos noventa kilos en su apenas 1,65 de altura la contemplaban. Como os digo como para no fijarse en ella pese a mis jóvenes años o quizá con más razón precisamente por ello. Las ...
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