1. Soy nueva en el vecindario (Segunda parte)


    Fecha: 02/11/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Aldebaran, Fuente: CuentoRelatos

    Había pasado una semana desde que me follé a mi vecino. Estaba en la ducha cuando sonó el teléfono. Era Antonia que me decía si podía darle una alegría a su marido. Le dije que sin problema, que enseguida estaría allí.
    
    Me puse mis braguitas rosas, un pantalón corto y una camiseta sin sujetador para que se marcaran bien mis pezones.
    
    Toqué la puerta y enseguida me abrió Antonia.
    
    -Pasa, José está en la habitación.
    
    Entré y me lo encontré sentado en la cama, desnudo. Me miró y sonrió.
    
    Me quité el pantalón y las braguitas, me había depilado por completo el chocho, y me quité la camiseta quedándome desnuda delante de él.
    
    José me miró y se miró su pene. Siguió recorriéndome un rato con la mirada pero su pene no reaccionaba.
    
    Decidí sentarme junto a él en la cama. Agarré su pene con mi mano y comencé a meneársela.
    
    No conseguí demasiado porque no se empalmaba. Solo se le enderezó un poco. Recordé algo que leí hacía tiempo en una revista. Si una persona mayor conseguía una pequeña erección, al penetrar, con la presión de la vagina sería suficiente para tener una erección completa.
    
    Yo nunca había tenido ese problema con mis parejas, evidentemente, pero creí que la revista estaría en lo cierto, por lo que decidí probarlo.
    
    Me tumbé en la cama y me abrí de piernas. José se incorporó y se puso sobre mí. Le dije que no usara preservativo esta vez. Abrió un poco más mis piernas y me penetró con su pene medio empinado.
    
    Comenzó a follarme, aunque yo no le notaba ...
    ... apenas. No había conseguido empalmarse más pese a la presión de mi vagina.
    
    Decidí apretar más las piernas para que mis labios le apretaran más, pero vi que no conseguía nada.
    
    José me follaba con fuerza, sus gemidos iban en aumento. Sonaba así:
    
    -Uf, uf, uf, agh, agh, agh.
    
    Yo seguía sin notar casi nada. Solo un leve roce y un pequeño gusto, pero nada más.
    
    José estaba en éxtasis. Me agarraba las caderas mientras seguía con el mete y saca y parecía que se iba a ahogar.
    
    Me agarré a sus nalgas olvidándome de que apenas estaba disfrutando, pero sabiendo que por lo menos el sí lo hacía.
    
    No duró mucho más y finalmente se corrió con un medio gemido, medio grito.
    
    Se salió de mí, y nos sentamos en la cama. Mientras el se limpiaba, Antonia me acompañó a la ducha.
    
    Después de lo poco que había disfrutado, pensé en masturbarme con el chorro de la ducha, pero me pareció mal al estar Antonia allí, aunque separadas por la cortina de la ducha.
    
    Me ayudó a salir y a secarme y entonces decidí preguntarle porqué no podía hacer el amor con su marido.
    
    -Tengo vaginismo, me dijo. Hará como cinco años que no puedo hacerlo con José. Cuando intenta penetrarme, mi vagina se cierra y no podemos follar.
    
    -Vaya, es una lástima. Aunque seáis mayores tenéis que seguir haciendo el amor.
    
    -Es cierto. Yo sigo teniendo mucho deseo. Tengo que masturbarme y no puedo sentir su polla dentro de mi como hace años.
    
    Después de salir del baño, Antonia y José me invitaron a quedarme a ...
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