1. Mi culito para el papá de mi amiga


    Fecha: 15/11/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: mariacoorinave, Fuente: CuentoRelatos

    Leopoldo es uno de esos hombres maduros que dan la impresión de no saber lo guapos y atractivos que son. Está casado con una mujer cuatro años mayor que él, la única mujer de su vida hasta mi aparición en escena; me le metí por los ojos y terminamos entre sabanas en contadas ocasiones.
    
    Además de guapo -que todavía lo es- sabe vestir muy bien, se preocupa por su apariencia y siempre huele rico, cosa que nos mata a las mujeres. Un buen perfume siempre es un plus, ténganlo presente.
    
    Leo -que así le digo con cariño- debe medir entre 10 o 12 cm más que yo (mido 165 cm). Su cabello corto unido a su extensa barba la que presume de diferentes formas: recién rasurada, poco poblada o muy poblada. Sea como sea, se ve divinamente guapo.
    
    Sus cejas también hay que destacarlas pues, las tiene hermosas. Su nariz es bella, perfilada. También se deja el bigote y lleva unos labios bien coloreados. Tiene una sonrisa encantadora y una mirada dulce provenientes de sus ojos color café igual que los míos.
    
    No hace falta decir que Leopoldo es un hombre que cuida bien su alimentación para estar tan rico a su edad, pues, aunque han pasado algunos años sigue estando comestible.
    
    Cuesta creer que en toda su vida haya tenido una sola mujer hasta mi aparición, pero le creo a todo lo que me ha contado de él cuando hemos compartido momentos íntimos.
    
    Es el papá de mi amiga Brenda y para entonces, él tenía 44 años y yo era una "niña", según como él solía llamarme. Tenía 21 años, un año más que ...
    ... Brenda.
    
    Yo cursaba estudios en la universidad de la capital, lejos de mi ciudad natal y de mis padres. Tenía rentado un apartamento para mi sola, iba al gimnasio de forma recurrente y me divertía cada tanto tiempo los fines de semana con amistades que había hecho durante los dos años y un poco más que llevaba en la ciudad capital.
    
    Mi pretensión era la de volver a tener intimidad con él en mi apartamento, pero no era algo fácil de planear y tampoco se me había presentado la ocasión, al ser un hombre casado y el padre de una de mis amigas tenía que cuidar mis pasos.
    
    La discreción es una de las cualidades que me caracterizan y procuro manejar bien los modos y tiempos en mis relaciones íntimas.
    
    Por parte de él, siempre se las arreglaba para comunicarse conmigo pidiéndome que nos volviéramos a ver. Yo lo regañaba, exigiéndole que fuera más cuidadoso al llamarme o escribirme por cualquier medio. Debía esperar que fuese yo quien lo buscara, recordándole también que era un hombre casado, que su hija era mi amiga y que lo que hacíamos estaba mal.
    
    Leo estaba obsesionado, yo me había convertido en la segunda mujer en su vida, su primera amante y ahora no me dejaba en paz, le excitaba lo que había estado viviendo conmigo, una relación extramatrimonial, una infidelidad que de descubrirse desataría los demonios de su mujer y muy probablemente la decepción y repudio de su hija no solo hacia él sino también para conmigo.
    
    Teniendo muy cuenta todos estos detalles y el riesgo ...
«1234...»