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De loca a loca y follo porque me toca
Fecha: 16/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Era el día de la fiesta en la Viña, una aldea que estaba al lado de la nuestra. Se oía la música de una charanga. Yo estaba pescando truchas con mosca en un recodo del Río de Carmelita. Veía a los mirlos salir de los árboles en silencio y cagando leches al oír el ruido de las bombas. El día era soleado. Ni una nube se veía en el cielo y no se movía ni una paja. Vi una trucha pasar río arriba. Debía ser cegata por que no vio la mosca. A mi lado llegó Angelita. Vestía unos pantalones vaqueros ceñidos al cuerpo, una blusa blanca y calzaba unos zapatos de tacón bajo. Olía a jabón Heno de Pravia. Su cabello rubio, que le llegaba a la cintura, lo traía suelto, y traía pintadas las uñas y los labios de un rojo claro. Me preguntó: -¿Cómo va esa pesca? -Mira en la cesta. Miró y vio que había pescado cinco truchas de tamaño mediano. -No está mal. Yo también vengo de pesca. -¿Sin caña? Se desabrochó dos botones de la blusa. -Para pescar un polvo no hace falta caña. Dejé la caña -era una caña de bambú-, me levanté, y le dije: -Para mi no mires, loca. Te hice favores mientras estaba tu marido fuera. Ahora lo tienes en casa. No quiero acabar con una camada de ostias encima. Tu marido es mucho bicho de Dios. -Está en la taberna, borracho. -Ya, pero los árboles tiene ojos. -No sabía que fueras tan cobarde. -¡¿Cobarde?! Fue boxeador, coño. ¿No te dio lo tuyo después de estar tanto tiempo en el extranjero? -La verdad es que ayer lo pasé de miedo. Me ...
... folló cómo nunca me había follado. Pero eso fue ayer. Vimos venir a mi amigo Paco. Angelita, me dijo: -Esta tarde a las cinco te espero en la Carballeira (robledal). Tengo ganas de hacer cosas sucias -No voy a ir. No aceptaba un no por respuesta. -Te espero. Pedro, que había visto cómo Angelita se abotonaba la blusa, al llegar a mi lado, me dijo: -Se está rifando un diluvio de hostias y llevas todas las papeletas para que te toque. -¿Tú qué harías? -Yo, si fuera tú me haría una paja y me quitaba de líos. Yo no era él. Esa tarde estaba meando detrás de un roble en la Carballeira cuando llegó Angelita. Se me acercó. Me cogió la polla, apretó la piel de la punta. Yo seguí meando, se hizo una bolsa en mi polla, se agachó, la acercó a su boca, soltó la piel poco a poco, el meo salió de mi polla cómo si estuviera saliendo de un aspersor y le regó la cara y la boca. Era nuevo lo que había hecho, pero no me sorprendió, era muy guarra. Al acabar de hacer la cochinada, me dijo: -¿De ti me gusta hasta tus pedos? Le cogí miedo. Sabía que ahora iba a querer mear por mi, no sería la primera vez, y no es que me molestara, pero llevaba puesta la ropa de los domingos. Al quitar el botón del pantalón y bajar la cremallera, le dije: -No se te ocurra mear por mí. -Vaaale. Bajó el pantalón y las bragas hasta las rodillas. Su pelambrera rubia brillaba bajo el sol y el capuchón de su clítoris sobresalía entre ella. Me agaché y se lo iba a lamer, pero ...