1. Anal, quiero tener un orgasmo anal.


    Fecha: 07/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Abelardo había hecho casi de todo, trabajara de camarero, pintor, peón, enfermero..., lo dicho, trabajara casi de todo, y a los treinta y seis años trabajando de jardinero en un marquesado le ocurrió lo que os voy a contar y lo contaré cómo si yo fuera él.
    
    La marquesa tenía sesenta años y era de estatura mediana. El día que la vi por vez primera llevaba su cabello teñido de rubio, un vestido azul que le daba por encima de las rodillas y calzaba unas sandalias del mismo color. Lucía una gargantilla, pulseras, un anillo con una esmeralda y otro con un diamante además de la alianza de casada... Llevaba los ojos pintados de azul, las uñas de los pies y de las manos de esmalte rojo, lo mismo que los labios, en su cara coloretes, sombras. Yo estaba podando unos rosales y al pasar por mi lado me echó una mirada de esas que le echan las viejas a los yogurines. Al irse dejo atrás un delicioso aroma a jazmín. Se daba aires de lo que era, de marquesa. Su marido, el marqués, era un bonachón de noventa años, muy alto, delgado, con el pelo cano y ya no daba ni tenía.
    
    Llevaba trabajando un mes cuando una sirvienta me dijo que el marqués quería hablar conmigo. Seguí a la sirvienta hasta un salón donde encontré al viejo sentado en un sofá. Me mandó sentar en otro sofá. Al marchar la sirvienta se levantó, echó dos brandis me dio uno y fue al grano:
    
    -¿Cuánto quieres por llenarle el coño de leche marquesa?
    
    Me dejó anonadado.
    
    -¡¿Quiere que folle con su esposa?!
    
    -Quiero lo que ...
    ... ella quiere, y ella quiere volver a correrse sintiendo cómo le llenan el coño de leche. ¿Cuánto quieres? ¿Te parecen bien 300 euros?
    
    -Me parece genial.
    
    -El sábado es mi cumpleaños. Lo arreglaré para que estéis solos en casa.
    
    No entendí cómo siendo su cumpleaños el regalo fuese para la marquesa, pero no hice preguntas, no estaba en posición para hacerlas.
    
    El sábado llegué a trabajar a las nueve de la mañana y llamé a la puerta de la gran casa. Me abrió la marquesa, enjoyada y vistiendo con una combinación transparente que dejaba ver el vello de su coño y sus enormes tetas.
    
    -Pasa.
    
    Al cerrar la puerta la agarré por la cintura, le di la vuelta y le metí un morreo que la dejé sin aire y que me puso palote la polla. Al dejar de besarla y sentir mi polla dura entre sus piernas, me dijo:
    
    -Te excitaste. ¡Te gusto!
    
    Le volví a comer la boca, y después tuteándola le dije:
    
    -Claro que me gustas, me gustaste desde el primer día que te vi.
    
    Echó a andar hacia su habitación. Me fijé en su culo yendo de un lado al otro y no estaba mal para su edad... Arreglando el cabello mirándose a un gran espejo que había en la pared de su dormitorio, dejó caer la enagua al piso, y me dijo:
    
    -¿Ya te explicó el marqués lo que quiero?
    
    Le di la vuelta y la volví a morrear.
    
    -Sí, pero antes quiero conocer el sabor de la corrida de una marquesa.
    
    Yendo para la inmensa cama en la que se reflejaba el espejo, me dijo:
    
    -Eso estaría muy bien.
    
    Le quité la combinación. La ...
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