1. Sometida ante el deseo


    Fecha: 12/12/2022, Categorías: Dominación / BDSM Autor: maj, Fuente: CuentoRelatos

    ... produjo una sensación diferente mi presencia. Se nos hizo una costumbre hablar, escribirnos, acalorar nuestras conversaciones, cada día fue aumentando la tensión, ya no solo eran chats, me aumento la libido, creció el morbo, subió el nivel hasta que también iniciaron video llamadas, mensajes sucios, fotos calientes.
    
    Planeamos varios encuentros que no llegaron a concretarse, ¿vergüenza o inseguridad? No lo sé, después de varias conversaciones las ganas aumentaron, decidimos vernos, nos citamos un viernes 26 de octubre a las 10:00 a.m. Él envió un taxi a recogerme y luego lo recogimos a él donde dejaría su carro para partir hacia nuestra habitación del amor.
    
    Salí preparada para la ocasión, miel, mi mejor lencería y una depilación completa, si iba a ser, tenía que ser la mejor. Se subió al carro e inmediatamente me soltó un beso, nuestro primer beso. Al llegar al hotel entre palabras, abrazos, caricias, fue quitando piezas de mi ropa y besando partes de mi cuerpo, las ganas iban en un aumento, sentía su deseo, veía sus ganas, toque su erección, lo que me provoco intercambiar de papeles, le quite el t-shirt, bese su pecho mientras le quitaba los pantalones arrancándole de un solo tirón el bóxer, con mis pasos lo guie a la cama y lo acosté, saque la miel de mi bolso y le rocié el cuerpo desde su miembro hasta el pecho, me devolví a lamer la miel sobre su cuerpo de manera opuesta, terminando con su erección en mi boca, estaba vigoroso, duro y deseoso y yo sentía un morbo ...
    ... cada vez más fuerte. Lo chupe, succione, lamí con tanta devoción, quería beber de su jugo, me gustaba la sensación de tener el control por un momento, escuchar sus jadeos, sentir como me apretaba y me agarraba el pelo era tan excitante, él se estremeció, así que rápidamente me tumbo a la cama y me dijo:
    
    -Quiero comerme eso.
    
    Con esa voz tan imponente, con besos y caricias fue bajando desde mi cuello hasta mi entrepierna, quedándose allí para absorber hasta la última gota de mí.
    
    Yo no paraba de gemir, de temblar, de sentir su húmeda lengua, que sensación aquella, que pasión, que intensidad, la última gota derramada salió junto a un jadeo, un grito de placer que no pude contener. Él estaba excitado, en vigor así que se introdujo en mí, mis paredes lo sintieron, se humedecieron, lo sentía en cada embestida, provocaba gemidos constantes, me miraba y le devolvía la mirada apenas pudiendo hablarle y manteniendo los ojos entre abiertos por tanto placer. La intensidad me hacía encoger los músculos de mi interior, lo que provocaba una sensación de aprensión en él, le apretaba involuntariamente, ni siquiera sabía que yo pudiese hacer eso, entre el fervor, el calor, los jadeos de ambos y el encaje de el en mí, ambos cedimos, nos dejamos ir, sentimos la excitación del uno en el otro, aumentamos el ritmo, sus embestidas eran más seguidas, más fuerte, más excitantes y en cada una de ellas salían jadeos, derramando todo nuestro placer sobre los cuerpos culminamos con un exhausto gemido ...