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Quiero hacer un gato (2/3)
Fecha: 14/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Tita, Fuente: CuentoRelatos
... dieron los hechos: desde la indiferencia, pasando por el enojo que tuvo al pensar que yo quería vengarme de algo y su negativa rotunda. En este punto de la conversación, Adriana abrió los ojos como de plato y mostró un mohín de tristeza, el cual no supe interpretar si se debía a mi falta de tacto al tratar el tema con Saúl, o el sentirse desairada por él. Le seguí contando y su rostro se relajó cuando comenté la imagen que Saúl hizo de ella, y se carcajeó con la escena caliente que detallé cuando aceptó que le gustaría hacerte el amor frente a Eduardo para vengarse, y también a cada una de las esposas de mis otras parejas sexuales frente a sus respectivos cónyuges, todo ello sin dejar de penetrarme y una y otra vez soltando más semen que otras veces. —¡Ja, ja, ja, qué locura! —Exclamó Adriana divertida y con voz que revelaba concupiscencia—. ¿Y tú qué le dijiste? —Que yo solamente le había propuesto estar nosotros cuatro y él ya pensaba en una orgía multitudinaria, que él debería ver a un psiquiatra. —¡Ja, ja, ja, no puedo creer que se haya desatado todo eso! —Ni yo tampoco, pero para mí no fue divertido, más bien me asusté pues si se diera una orgía así, él es capaz de hacerlo con todas —“Y yo también con todos juntos”, pensé divertida para mis adentros, sorprendiéndome de qué tan lejos podía llegar a ser mi promiscuidad; sí, he tenido relaciones sexuales con varios, incluso con tres en el mismo día, pero nunca en el mismo momento. —¡Ja, ja, ja…! Y yo que ...
... creía que Eduardo era “el potente”. ¡Ja, ja, ja! —continuó riéndose Adriana por un tiempo más. Lo que ya no le conté fueron mis miedos. Platicamos de otras cosas más y quedamos en una fecha y lugar tentativos (mi casa y el fin de semana siguiente) para comunicársela a nuestros maridos. ¿Llegaremos a tener cuernos Eduardo y yo? ¿Qué tal si Saúl y Adriana llegaran a entenderse? ¡Ay, no, en qué cosas me ando metiendo! Ya ni modo. Al parecer, ellos lo aceptaron sin condiciones, es decir, las cosas se darían hasta donde todos estuviéramos cómodos. La fecha llegó… Quise corresponder con la amabilidad de Adriana y decidí hacer una cena muy especial: lo mejor de las recetas de mi padre y de mi suegra. Compré vinos suficientes, no sólo para el maridaje de la cena sino también para la noche de amor larga que esperaba. Le comenté a Saúl sobre una posición en la que estuviéramos los cuatro disfrutándonos mutuamente, bueno, cada uno con las dos y cada una con los dos, todos simultáneamente. “Quiero que hagamos un gato”, le dije. “¿Qué es eso?”, preguntó de inmediato. —El símbolo #, las líneas que pintamos para jugar “gato”, “tic-tac-toe”, tres en línea” o como le llames. Las barras seremos nosotros en sentidos contrarios, las mujeres paralelas, chiches hacia abajo y los hombres también paralelos, pero verga para arriba. Nosotras sobre el falo de uno, penetradas, claro, y con las chiches en la boca del otro. ¡Está para el circo!, ¿verdad? —Más que para circo, ¡mira! —me contestó ...