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Andrea ¡vaya sorpresa!
Fecha: 17/12/2022, Categorías: Incesto Autor: Mamaceando, Fuente: CuentoRelatos
Andrea y Celeste, son amigas desde la infancia. Crecieron con casi vidas paralelas. Entonces se le hacía muy extraño que Celeste de un tiempo a la fecha trajera ropa de marca, un teléfono de última generación, incluso tarjeta de crédito. Para tener tan solo dieciocho años, era demasiado, sabía que sus padres le daban lo que quería, pero esto excedía las proposiciones. —¿Tú qué pedo? —Le preguntó muy directa un domingo saliendo del cine. —¿De qué o qué? —Contestó a modo de pregunta Celeste sin dejar de mirar la pantalla de su teléfono. —¿De dónde ese teléfono, no mames pinches zapatitos valen mínimo tres mil? —Pendeja… me costaron cinco. Pues nada mi amor, ni te platico porque eres bien pinche espantada —Ahora si estaba intrigada Andrea. —¡No mames, ahora me cuentas! ¿A quién te andas cogiendo o qué? —Te voy a platicar, pero donde vayas de pinche chismosa o te dejo de hablar —Andrea simuló coserse la boca, luego puso llave imaginaria y tiro la llave. —¡Conste! Cuando Celeste salió de prepa, busco trabajo por todos lados para costear su carrera de gastronomía. Entonces fue a dar con un supuesto agente de modelos y edecanes para marcas de cerveza. Ambas a sus dieciocho años estaban en su punto de belleza más alto. Ambas son bajitas, 1.58 Andrea tiene el cabello castaño y Celeste es rubia, de esas que se ponen color rojo ante cualquier oportunidad. Con el pelo largo, rozando su mayor atributo. Ambas tienen un culo redondo y hermoso. Lo supieron ...
... desde jóvenes, nunca perdieron la oportunidad de mostrarlo o menearlo delante de sus amigos, sobre todo de los que tenían novia. Les encantaba incendiar el mundo. Los jeans ajustados, pero sobre todo usaban minifaldas o shorts diminutos para enloquecer a todos a su alrededor. —Entonces Fredy, me dijo ¿quieres ganar dinero? Obvio le contesté que sí, me explico que organizaba fiestas swinger, pero que muchos hombres llegaban solos. Pagaban su entrada, pero eran muchos para las pocas mujeres que asistían. —¿Andas de puta? —¡NO! Bueno, no como tal, por cada fiesta me paga cinco mil pesos… —¡VETE A LA VERGA! —En cuanto lo dijo se tapó la boca. La sorpresa la invadió. —Y algunas veces los más viejos obviamente, te invitan a salir o a comer. Si te cogen o no es su pedo. Te dan diez… —¿Diez mil? —Otra vez sorprendida y haciendo cuentas mentales de cómo gastaría tanto dinero. —Las fiestas son los viernes, y las comidas pues depende del ruco, pero no vas a comer a Polanco con crocs y playerita de totoro. —¿Pero te coges a viejitos? —¡Andrea no mames, no cogíamos a pendejos que luego nada más andaban hablando pestes de nosotras? ¿No te quería pegar la gata esa por su novio el trompudo? —¡Si no mames! —Acá traigo lana y conozco lugares que no juntando diez aguinaldos de papá conocería. Le contó los detalles, en las fiestas todos llevaban mascara, evitaban el horror de encontrarse en la calle y reconocer o ser reconocidos. Excepto los viejos que de plano ...