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Christopher, el auto descompuesto
Fecha: 21/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Muchas gracias por todos los mensajes que recibí en mi primer relato. Me han impulsado a seguir escribiendo lo que ha ido sucediendo después de ese día. Me describo: mido un poco más de 170 cm, delgada, piel blanca y pelo oscuro, facciones finas, ojos color café, pecho entre mediano y grande y mi trasero es bastante grande en comparación con el resto de mi cuerpo. También quiero agradecerle a todos los que me han enviado mensajes a mi correo: me alentaron a seguir escribiendo. Gracias nuevamente. Después del encuentro con Tom, Susana estuvo días preguntándose cómo había dejado correr los deseos primitivos. Era una mujer sexualmente activa y Tom había abierto una puerta que ella desconocía que existía y cruzó al entregarse a él. Decidió que iba a hacer disfrutar su cuerpo, un cuerpo que estaba hecho para dar y recibir placer. Una tarde Susana acaba de bañarse. Estaba mirando la tv en la sala y sonó el timbre de la puerta. Miró por el huequito y ve a un joven de 27 años aproximadamente, fuerte, alto, pelo rubio, usando gafas de sol, jeans y una camiseta ajustada. Susana traía puesto un vestido negro ceñido al cuerpo y el pelo suelto. Así abrió la puerta. Disculpe, mi nombre es Christopher. Mi auto se descompuso y la batería de mi teléfono no tiene carga. ¿Pudiera prestarme el de su casa, si no le molesta, claro está? Oh, no hay problemas, pasa. Gracias, belleza, -dijo Christopher mirando detenidamente a Susana y admirando su cuerpazo. Susana señaló hacia ...
... donde estaba el teléfono. El joven se acercó y marcó el número de un amigo. Hey, habla Chris… Sí, sé que no es mi número, pero resulta que me quedé sin carga en la batería del teléfono y mi auto se descompuso. Te estoy llamando desde un teléfono de una bella dama que accedió a prestármelo… –Susana escuchó el piropo indirecto que le soltó Chistopher. Solamente le dio por sonreír, cosa que él notó y cuando terminó de hablar se acercó a ella. ¿Ya terminaste? Oh, sí, muchas gracias, señora. Le estoy muy agradecido. Ya hablé con un amigo y me recogerá en cuanto pueda. No sabría cómo pagarle el favor tan enorme que me ha hecho. Aquí tiene mi tarjeta. Yo soy conductor de un taxi. Si me necesita, pues con gusto le atenderé. Muchas gracias. Espero no aprovecharme demasiado, jajaja. No me gusta conducir. Pues no tenga pena. A mí me fascina. La llevo adonde me diga. Sobre todo a una mujer tan bella como usted. Jajaja, ¿de veras lo crees? ¿Qué cosa? ¿Que soy bella? Soy muy honesto. Si se lo dije es porque realmente lo es. Sinceramente es usted muy bella. Gracias, tú tampoco estás mal –Susana se puso colorada con lo que había dicho sin querer. ¿De veras lo cree? La carcajada fue simultánea. Él usó la misma estrategia de ella. ¿Sabes una cosa? –preguntó Christopher-. Hace rato no me tiro a una madurita como tú. No estaría mal retomar viejas costumbres. Pero yo no soy un juguete, nene. Porque no quieres, pues cara de muñeca sí tienes. Gracias por ...