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Las alegrías de la boda
Fecha: 23/12/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... otros unas confianzas que en otras circunstancias resultarían inusuales. El buen humor va aumentando a medida que avanzamos en el banquete y que los buenos vinos van haciendo su efecto caldeando el ambiente. Llega el momento del baile. Primero los novios y luego ellos con todos, y los demás revueltos. Al terminar un corto baile con la novia, quedo unos instantes parado y solo en la pista sin pareja. De pronto me siento arrastrado y termino bailando con Elvira. Con tanta animación los empujones son continuos y los apretujones entre nosotros también. Entre tanta risa y tanta broma, Elvira me está dando un buen repaso por todo el cuerpo y también frota a conciencia su cuerpo con el mío. Antes de que note que algo se ha despertado debajo de mi pantalón, con mucha discreción cambio de pareja y finalmente me siento. Mi mujer se acerca, se sienta junto a mi y también quiere descansar unos minutos. Elvira se sienta a mi otro lado y charlamos los tres. Otros invitados vienen a reclamar la presencia de mi mujer que resulta que es muy aficionada al baile. Nada más levantarse, noto como la mano de Elvira se coloca encima de mi rodilla tapada por el mantel. No quiero que piense de mí que soy un soso y me dejo tocar. Esto la anima y con determinación su mano se va acercando y subiendo por la entrepierna. Tampoco querría que me llegara a tocar mi polla que se está poniendo dura ya que quedaría a su merced y demostraría que me ha seducido como a un chaval. Ella sigue, y ...
... sigue. Se acerca y ya está a punto de alcanzar su objetivo. Llegan mi mujer y el marido de Elvira. Esto hace que se rompa momentáneamente el cerco a que me estaba sometiendo, y respiro aliviado. Tras unos momentos, ellas dos se levantan y van juntas al aseo. Nosotros dos tenemos unos minutos de charla intrascendente, tras la cual ellas dos vuelven frescas como dos rosas. Mi mujer sale otra vez a la pista de baile y se lleva al marido de Elvira. Ésta no tarda en hacer el comentario: — Es muy guapa tu mujer…y tiene una figura muy bonita…— yo le doy la razón. — Además tiene unos hombros y uno senos muy lindos…— termina diciendo. La miro con cara de circunstancias y afirmo con la cabeza. — ¿Te gustan los míos?…son un poco mayores y también los tengo firmes como ella…— dice Elvira mientras me hace su mejor pose para que pueda evaluar la verdad de su afirmación. Me da la impresión que durante el tiempo que han estado en el aseo han comentado más cosas que las habituales. Mi mujer sabe que unos lindos y redondeados pechos son mi debilidad, y parece que esa información Elvira la tiene muy clara. Protegida por las circunstancias, se siente dueña de la situación, alardea de sus hermosas tetas, me las enseña desde varias perspectivas y su mano vuelve a las andadas por debajo del mantel. Desde hace mucho tiempo no la había tenido una provocación tan clara… y sin poder defenderme. Cuando los calores se hacen insoportables me disculpo y me voy al lavabo que hay ...