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La falsa inocencia de mi amante (Segunda parte)
Fecha: 27/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Gabriel500, Fuente: CuentoRelatos
Esa noche, “Irina” mi falsa inocente amante, sabía perfectamente que por fin iba a recibir una buena dotación de verga, una andanada de caricias, un torrente de besos, un cúmulo de chupadas, porque su joven cuerpo de 26 añitos, sus pechos blancos firmes y jugosos, sus perfectas caderas en forma de pera, sus nalgas en forma de corazón, divinas y firmes, su caliente, apretadito, rugoso y hermoso orificio anal, su provocativa, armoniosa y esponjosa vulva, su caliente, su húmeda, olorosa, joven y ansiosa vagina, porque todo su bello cuerpo hacía ya más de dos años y medio que no recibía caricias sexuales por doquier. Se casó a sus 20 tiernos inocentes y virginales años, sin más experiencia sexual previa que la de un par de agasajos a sus carnes temerosas le habían proporcionado sendos estúpidos e inexpertos noviecitos que solo apretaron y estrujaron sus carnes trémulas, sus blancas nalgas vírgenes y sus inocentes senitos, tiernos como capullos, como si de bolas de papel se tratara, un bestial e insensible agarrón a su temeroso, sellado como un botón de rosa, tierno, tembloroso y núbil capullo, sin cuidado, que solo le produjeron una sensación de suciedad más que de excitación, y de cómo no debe tratarse a una dama virgen que ansía su primera experiencia sexual con miedo, con curiosidad pero con deseo impetuoso. Sus senos ya padecían frío y soledad crónicos, ansiaban unas manos que los acariciaran, una boca que los succionara y una lengua que pusieran sus pezones como rocas ...
... mientras sus ojos se pondrían en blanco, sus tiernos genitales femeninos extrañaban una larguísima sesión de candente y delicada mamada de labios y clítoris, de una colosal chupada de vulva, sus labios, pétalos de flor, también anhelaban sentir un miembro duro y caliente en su interior, su lengua quería otra vez sentir lamer y chupar la cabeza roja y caliente de una verga por unos buenos, largos y placenteros minutos, degustar el líquido seminal, su boquita añoraba llenarse de una pieza sexual de carne venosa y dura y no solo una mamadita furtiva y llena de miedo como la que me dio la noche previa, pero ante todo, necesitada de una buena dosis de miembro de macho viril erecto en sus entrañas, en su interior sexual, de bañar y envolver en sus ardientes jugos una buena verga que le diera placer y que provocara esas electrizantes sensaciones sexuales que ya conocía su cuerpecito joven, porque al casarse, descubrió los placeres carnales, se dio cuenta que había un mundo de gozo que su piel le podía proporcionar. Al principio su esposo, loco de excitación por su doncella no paró de poseerla y enseñarle todos los secretos de la vida sexual, desde los más tiernos hasta los más sucios, pero en unos meses se aburrió de ella, abandonando sus curvas, dejándola en orfandad de los placeres sexuales y carnales a los que ella se había acostumbrado. Me confesó que de solo imaginar en la posibilidad de coger de nuevo, días antes ya se había masturbado pensando en mí en un par de ocasiones, ...