1. Habilidad familiar


    Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... veo desde que nuestros padres murieran en accidente de coche hace casi veinticinco años, aunque nunca nos habíamos llevado bien. Al igual que tú, él disponía de la habilidad familiar, pero es el mejor ejemplo de lo que no debe hacerse. Se dedicó al mundo del espectáculo, como si fuera hipnotizador, deseando lograr rápidamente fama y dinero. Le fue bien durante unos años, recorrió el mundo, apareció en muchas televisiones, hasta que en una fiesta privada se empecinó en sugestionar y manipular a un conocido hombre de negocios marsellés que resultó ser no influenciable, que descubrió el poder que Juan manejaba e inmediatamente le obligó a ponerse a su servicio, a trabajar sólo para él. Desconozco los detalles, pero por medio había una peligrosa organización criminal, y aunque Juan logró huir de la situación de esclavitud en la que se encontraba ocultándose en algún lugar de Asia, su vida no pasa de ser la de un refugiado clandestino. No sé dónde está ni nada sé de él. Ni quiero.
    
    Esta noche veo a mi madre algo rara, quizás demasiado eufórica. Ríe constantemente, hace bromas, cuenta anécdotas divertidas, se toma varias copas de champán y, lo más sorprendente para mí, le tira los tejos de manera no muy discreta a la ayudante de cocina, Alba, de unos treinta y pocos años que ha cenado con Rosa y nosotros dos y que se muestra encantada, probablemente excitada y, estoy completamente seguro, controlada por Lena, quien la lleva de la mano hacia su habitación unos minutos después, ...
    ... no sin antes darme un beso y decirme al oído: hay más sexos de lo que parece, no hay que cerrarse a nada, hay que vivir y disfrutar ¿Quieres mirar?.
    
    Mi polla da un salto dentro del pantalón, como si quisiera salir disparada. No sé qué hacer, veo que mi madre y Alba se besan largamente en el pasillo camino de la habitación, no me puedo aguantar las ganas, aunque no sé muy bien de qué, me vuelvo hacia Rosa, miro sus ojos según digo para mí que me siga a la habitación de Lena, beso guarramente su boca y es ella quien me coge de la mano para dirigirme tras la pareja de mujeres, que han dejado la puerta de la habitación abierta de par en par.
    
    En la cama más cercana al ventanal Lena y Alba están desnudas, besándose y acariciándose mutuamente, tranquilamente, pero con deseo, con ganas. A pesar de estar la luz apagada, distingo sus cuerpos con facilidad, y mientras Rosa me desnuda, besa y acaricia las partes de mi cuerpo que va dejando al descubierto, miro sin perderme detalle, en especial del cuerpo de mi madre, sin la sensación de vergüenza, de duda o de reparo que he tenido al espiarla en otras ocasiones. No hago ni caso a Rosa, pero me gusta que se ocupe de mí, y así se lo indico mentalmente.
    
    Qué excitado estoy, aunque me noto, al mismo tiempo, tranquilo, no sé si decir reflexivo, a la expectativa ante la situación.
    
    Alba es una mujer delgada, de cabello moreno muy oscuro —lo tiñe de color negro ala de cuervo— que lleva muy corto, sin raya, con flequillo y con la nuca ...
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