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Habilidad familiar
Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... durante unos segundos el pene y los huevos, pero Marisa me quita las manos, acaricia mis testículos muy suavemente, pasa una mano por toda mi crecida polla varias veces, se percata de lo excitado que estoy, sonríe y me habla suavemente, con voz sibilante, como en las películas porno. —Estás muy bueno, vaya pollón que tienes, se te ve muy hombre En apenas dos movimientos se quita la ropa interior, lo que supone otra inyección de deseo para mi erección y que mi pene cabecee hacia arriba y hacia adelante, como si husmeara en busca del depilado coño de la mujer. Me dan ganas de empezar a menearme la polla, pero me da tanta vergüenza que me centro en mirar el cuerpo de Marisa, primera mujer que está a mi lado completamente desnuda en carne y hueso. De estatura media, mi rubia vecina es una mujer atractiva, con el cabello liso, largo hasta por debajo de los hombros, peinado con raya en el medio, ojos grandes de color verdoso, nariz pequeña, respingona, y boca también pequeña de labios gordezuelos, chupones, que lleva pintados con carmín rojo brillante. De constitución fuerte, quizás le sobren algunos quilos, pero los tiene bastante bien repartidos. Para mí lo más evidente son sus tetas, altas, grandes, como dos balas de cañón que apuntan cada una a un lado, algo sobaqueras, terminadas en punta, con pezones cortos, finos de color marrón, al igual que las pequeñas areolas con forma de mancha circular que los contienen. En la cintura es donde más se nota que le puedan ...
... sobrar quilos, pero en el pequeño redondo ombligo lleva un coqueto piercing brillante que ayuda a disimularlo, y como lleva el pubis completamente rasurado, enseguida me fijo en su coño. Es el primero de verdad que veo en vivo y en directo, con sus gruesos y anchos labios sexuales, muy brillantes y mojados, del mismo color marrón de los pezones. Los muslos son fuertes, algo gruesos, sujetos por piernas quizás también algo gruesas, bien dibujadas. La parte trasera del cuerpo de Marisa tiene su punto fuerte en un culo grande, duro, que recuerda a una apetecible manzana, contenido en unas redondeadas anchas caderas. Me gusta, mucho, y a mi polla, más todavía. Tras un nuevo guarro beso de tornillo —esta vez ya lo he buscado yo— acaricio y sobo las tetas de Marisa durante un rato, hasta que no puedo aguantarme más y me lanzo a besarlas, chuparlas, lamerlas, quizás con demasiada fuerza y con algún que otro chupetón, porque la mujer me pide que no le haga daño. Le toco el culo con una mano y la otra la entretengo en los muslos —están muy mojados cerca del sexo— hasta que me decido a tocarle el coño, primero como con miedo, haciéndome idea de cómo es por fuera y de los líquidos sexuales que lo empapan, y después metiéndole los dedos, tal y como me va indicando ella misma. Joder, qué excitante es. Durante todo el rato he sido consciente de las caricias de la rubia vecina a mi pene y a los huevos, con suavidad, sin intentar llevarme al extremo que propicie mi eyaculación, pero ...