1. Habilidad familiar


    Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Hasta llegar a la adolescencia no reparé en que mi madre y yo cambiábamos de ciudad a menudo. Al menos en seis ciudades distintas hemos vivido desde que yo tengo memoria, y dado que de dinero vamos bien —nunca he sabido de dónde proviene ni a qué se dedica mi madre, porque trabajar, no trabaja— y nunca nos ha faltado de nada, no le di importancia, ni pregunté por las razones de tanto cambio.
    
    No es que me queje, he tenido siempre gran facilidad y habilidad para hacer amistades y me he llevado bien con todo el mundo en los distintos colegios —siempre de pago— en los que he estado, pero claro, echo de menos tener algún amigo o amiga de verdad, no solo los compañeros de cada momento o cada curso, probablemente empiezo a echar en falta tener una novia estable, porque, sí, he tenido un par de novietas, pero me gustaría algo más serio o, al menos, poder intentarlo. Desde los catorce años llevo demasiado tiempo matándome a pajas —puede decirse que soy virgen— y necesito conocer mujeres para tener sexo, para follar con ellas.
    
    Lena, mi madre, se ha dado cuenta, me lo dice cuando estamos comiendo —siempre en restaurantes o cafeterías, nunca la he visto cocinar nada más allá de un cola-cao— nos reímos una vez supero la vergüenza inicial de hablar de este asunto con ella, le confieso que me pongo como una moto —le dedico la mayor parte de mis pajas— con la vecina que vive en el piso de enfrente —Marisa, una rubia teñida que no tiene todavía cuarenta años, guapetona, simpática, ...
    ... alegre, frescachona, regordeta, con buenas tetas— y me asegura que no debo preocuparme, que muy pronto empezaré a tener sexo con mujeres, que ya soy todo un hombre.
    
    Sí, cumplo los dieciocho el sábado. Después de desayunar he quedado con tres amigos del colegio, echamos una partida de snooker —estamos enviciados con este entretenido juego de billar británico— después se nos unen en un bareto al que habitualmente vamos tres compañeras de clase, que me regalan una bonita sudadera y un beso de tornillo cada una en la boca, les invito a comer a todos en un restaurante tex-mex al que nos gusta ir de vez en cuando, y después me despido en contra de mi voluntad, pues he quedado, sí o sí, con mi madre en casa.
    
    Al llegar, sorpresa. Mi madre no está, pero sí Marisa, la vecina, casi desnuda, tapada apenas con una mini braga tanga roja y un pequeño sujetador del mismo color, calzada con zapatos rojos de tacón de aguja. No he cerrado todavía la puerta del piso y ya tengo la polla tiesa y dura como el mango de una pala.
    
    —Felicidades, Marcial, yo soy tu regalo de cumpleaños, espero que te guste
    
    Me da dos besos en las mejillas, después besa mi boca y me mete la lengua hasta las amígdalas ante mi pasividad durante los primeros instantes, me repongo de la sorpresa y le devuelvo el beso con muchas, muchas ganas. Guau, creo que es el beso más guarro y ensalivado que he recibido jamás. Me mola.
    
    —¿Ese paquetón es por mí?
    
    Rápidamente me desnuda por completo. Me da corte y me tapo ...
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