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Mi prima se viste de novia (Capítulo 3)
Fecha: 03/01/2023, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
No sé si el instante en donde nuestras miradas se encontraron habría superado el segundo pero, incluso siendo así, Julia me había regalado un recuerdo que duraría por siempre en mi memoria. Si darme nada, ni un gesto de complicidad, ni una sonrisa pícara, mi prima volvió a cerrar los ojos y continuó chupándole la pija al novio delante de mí. Otra vez las lamidas, su saliva cayéndole de la boca, su lengua jugueteándole en el glande fláccido del pibe desmayado. No tenía dudas de que me había visto. Estaba seguro de eso. Pero a ella pareció no importarle ni en lo más mínimo. Cuando se cansó de petearle la verga muerta, se puso de pie, se acostó en su lugar de la cama y se durmió. Por mi cabeza volaba la imaginación, pero sobretodo volaban las preguntas. ¿Era un juego perverso de ella hacia mí? ¿Era yo el perverso, jugando sólo con mi mente? Faltaba una semana para su boda, estaba todo arreglado, hasta incluso su luna de miel a la que partían ni bien terminada la fiesta. ¿Y justo ahora había decidido jugar con mis deseos? No le encontraba sentido. Lo más parecido a una lógica que encontré, fue echarme toda la culpa a mí. Tal vez ella se encontraba en un momento de decisiones, de presiones sociales, de debilidad emocional; y yo me había aprovechado de todo eso tomándomelo a nivel personal. ¡Y encima esa noche estaba totalmente borracha! Me dieron náuseas cuando entendí que le había fallado. Que Julia no había intentado calentarme, sino que era más bien un ...
... simple pedido de ayuda. Las náuseas se hicieron más potentes. ¡En vez de ayudarla, abusé de ella! Yo era su mejor amigo, su propio primo y en vez de acompañarla, la había manoseado. ¡Yo era aquella especie de adulto referente y le había manchado todo el culo al apoyarle la pija, mientras dormía borracha! Me levanté de golpe y fui a vomitar al baño. Me miré al espejo y me di asco. Ya no tenía excusas. Todo, absolutamente todo era culpa. Abrí la canilla para juntar agua en mis manos y estamparlas en mi rostro, pero la cerré de inmediato. Esta vez tenía que irme, si o si, y las veces anteriores que me lavé la cara, había encontrado, al instantes, excusas para quedarme. Esta vez no. Agarraría las llaves de Julia, me iría y tal vez con suerte, más tarde recibiría un llamado de ella pidiéndome que vuelva a abrirle. Ahí, tal vez, podría contarle lo sucedido y disculparme con las cosas más calmas y tal vez, ella me perdonaría. Eran muchos “tal vez” pero sino no, todo era la nada. Escribí una nota diciéndole que me llevaba su llavero, que me llame cuando se despierte y vendría a rescatarla. Abrí la puerta y me frené de golpe al segundo paso que di en la vereda. Tuve una idea y volví a entrar. Fui hasta la habitación, agarré la tanga blanca que había tirado al suelo y la guardé en mi bolsillo. No era ni un recuerdo, ni un souvenir: pensé que tal vez podía inspeccionarla al llegar a mi casa, en busca de algún signo, un poco de flujo o alguna mancha que alivie mi culpa al ...