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Una beata madura me dejó una huella marcada
Fecha: 05/01/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos
Ese día doña Ana no había parado de mandarme órdenes, que si arriba, que si abajo. Todos los pormenores de la procesión que tenía lugar esa noche eran comprobados por la señora, ya bien enviándome a ver el estado de las flores o bien la mantilla y el vestido negro. Añado, para mayor seguridad, esto. Estas cosas que digo, que voy a decir, si puedo, no están ya, o no están todavía. Pero estoy aquí. Todavía, pues, estoy obligado a añadir esto. Pero heme aquí, yo que estoy aquí, en relación a mí que lo vi todo. Otra cosa: lo que digo, lo que diré tal vez a este respecto a ella, No tengo, pues, que inquietarme. No voy pues al desastre, no voy a parte alguna, las aventuras y desventuras de doña Ana me importen, lo hecho, hecho está, a esto le llamo aventuras. De aquí una incierta confusión a los exordios, el tiempo de colocar a doña Ana. Pues sí, todo el puto día con el tema de la procesión de esa noche y con la llegada de la virgen de los carmeles me tenía frito. Acababa de llegar en el muelle de este pequeño pueblo alejado de la mano de dios la esfinge del santo patrón de yeso macizo policromado en doble capa. La señora quería ver en persona las condiciones en que había llegado la esfinge. Don Fermín me había dado órdenes de que ese día, estuviera a las órdenes de la señora. En pose autoritaria mandaba órdenes en cuanto a la celebración en cuestión. Era recta, aplomada, con solidez de asentamiento, de penetrante mirada; alta estatura, pechugona, de culazo marcado de piel ...
... acerada y cabellos castaños con unos ojos de hurraca. A sus casi cincuenta años era todo orgullo, como decía mi madre, una relamida de cuidado. Don Fermín, su marido salía de caza y me insistió en que acompañara a doña Ana del pequeño carguero con la furgoneta. Subimos a la embarcación con la trampilla que nos tendió el patrón, doña Ana iba sorteando con molesta desgana los aparejos de la parte de proa. — Doña Ana, bienvenida, hemos tenido un trayecto algo ajetreado pero el Santo está abajo, perdone si hemos tardado algo, yo solo tengo un marinero a bordo, como puede ver soy viejo, aunque eso no me impide haber llevado el santo patrón de mi pueblo. — No se preocupe, la cuestión es que ya lo tenemos aquí, si me permite ver el estado. — Sí, si quiere bajar abajo, aunque está muy desordenado, piense que dormimos y llevamos la carga abajo — se excusó el patrón. Bajamos, el ambiente olía a salitre marino y a humedad mezclada con aceite de los motores. Doña Ana se tapó la boca con un pañuelo. En un compartimento un hombre de considerables dimensiones, con unas manos como garfios había desatado la esfinge. Me ayudo a cargarla en la furgoneta, su rostro era rudo y sus ojos escrutadores, tenía la fuerza de una bestia. Vestía camiseta raída y pantalones desgastados, de sus labios prendía un apestoso cigarrillo. — ¿Aquí no hay ningún bar que vayan morras? — pregunto de forma seca. — Bueno, aquí la gente es de edad, apenas hay diversiones, de hecho yo cuando pueda iré ...