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Una beata madura me dejó una huella marcada
Fecha: 05/01/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos
... como un marrano el hijo puta. Sabes, llego a empalmar, me mamaba, me ponía culo. Sabes… sabes… — dijo repitiéndose una y otra vez. — Bueno, si me dice dónde está lo que he venido a buscar — dije de forma apresurada. — Está donde estaba la estatua, pero sabes… oye… sabes, la mojigata de tu jefa, esa maduraca que ha venido… el patrón, me ha dicho que le suministraba rabos, sabes… has visto cuando ha venido. — No sé qué decirte, doña Ana, es tan mística, que es difícil — contesté. Cogí los materiales que necesitaba y quedé pensativo, se me hacía difícil imaginar que un macarra hortera como ese pudiera… ni se me pasaba por la imaginación. Doña Ana marcaba el paso con su cirio en la mano, la pamela y el velo le daban ese aire misterioso, marchaba la primera tras la cofradía. Su marido, don Fermín se había escusado que estaba muy cansado para acudir a la ceremonia, aunque me eximió de acompañarla ya que el patrón la llevaría a la hacienda una vez terminada la procesión. Extrañado y a la vez contento por no tener que acompañarla me vino a la mente las palabras del marino. El ambiente olía a incienso, sonaban los tambores. Doña Ana erguida vi como miraba en dirección de lo que era el marinero, el cual estaba observando la procesión. Lavado y repeinado aún mantenía ese aspecto voraz, como los cerdos en sus pocilgas cuando se revuelcan en la mierda. Cruzaron miradas, tanto al marino como al patrón. Parecía que había complicidad. Terminada la procesión y dando rienda ...
... suelta a mis pensamientos di un rodeo acabando otra vez en el muelle. El aire marino de la noche le daba ese aspecto lúgubre. Volví a pasar al lado del carguero y vi como el patrón estaba fumando y ojeando el terreno, igual que un vigilante. — ¿Dando un paseo, o preocupado por tu señora? — me preguntó el patrón. — No…, no, yo solo daba un pequeño paseo, es que aquí hay pocas distracciones, usted ya sabe. — Sí, lo sé, soy hombre de mundo, aquí nací, pero tienes razón. Pero si quieres puedes ir abajo y hacerte un buen pajote mirando. — ¿Cómo dice? — pregunté estupefacto. — Me han dicho que por la tarde has estado aquí, y como mi ayudante es un bocazas se ha ido de la lengua. — Ya, pero no entiendo muy bien… — Chaval, se la está trajinando, ahora mismo ya mamaba como un cordero la jaca. — ¿Doña Ana? — pregunté algo exaltado. — La misma, en persona, pero baja, ponte en el rincón oscuro enfrente de la puerta. Bajé, oí gemidos roncos. La puerta estaba abierta, doña Ana succionaba esa polla que ya había visto por la tarde. Lamía el tronco, llevaba los guantes negros puestos y las medías negras con sus zapatos de tacón. Sus pechos en forma de pera colgaban, su coño velludo era abierto por el marinero e iba introduciendo dos dedos, con su otra la otra mano le insertaba otro dedo en la zona anal. Mamaba con ansiedad, el marinero estaba gimiendo. La volteó y en una maniobra de ataque le abrió las piernas al mismo tiempo que cogía impulso para meterle el pene ...