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El primo disfruta ser cornudo, la prima goza
Fecha: 01/02/2023, Categorías: Incesto Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos
Allá lejos y hace tiempo, el trabajo me llevó al interior, dos décadas después regreso a Buenos Aires, saludar a la prima fue lo primero, su marido me invitó a cenar y alojarme en su casa durante mi estadía. Alargamos la sobremesa, hablando cosas de familia, la prima se retiró para irse a dormir, nosotros seguimos disfrutando confidencias y un “on the rocks” de dieciocho años. El whisky facilitó la plática, él se abrió a la confidencia sobre su vida marital, confiaba que mi experiencia pudiera ayudarlo a encender el entusiasmo en su matrimonio. Veinte años de casados, la esposa se mostraba desganada a la hora del sexo, jugando con las fantasías había descubierto, que hacerla hablar de sus experiencias anteriores potenciaba su erotismo para tener una relación satisfactoria. Durante este juego le había confiado que habíamos tenido contacto sexual en su juventud. Sus dichos me pusieron a la defensiva. - Tranquilo ella me contó todo, precisamente puso la cuota de erotismo en nuestras relaciones, esos recuerdos ayudaron a tener sexo del bueno. Está todo bien. - Bueno… no sé que te habrá contado… fue hace como... - Si, casi veinte años, justo cuando nos estábamos conociendo. Ese recuerdo fue muy motivador, ahora necesito un favor… -sorpresa - Que vuelvan a tener sexo. - Pero… me cuesta entenderte… De este modo comenzó a relatarme el origen de la propuesta, había descubierto que haciéndola hablar sobre sus experiencias sexuales la libido sube a tope, me ...
... confiesa de qué modo entré en su cama: Estando en la cama, en el preámbulo de una relación sexual, le costaba subir el clima erótico, introduje el tema de nuestras experiencias anteriores, vencida la reticencia a descubrir sus relaciones comenzó a contarme que… Había tenido el inicio sexual con el primo, hombre maduro, veinte años mayor, casado, de él aprendió todo lo que conoce sobre el sexo. Sucedió que estando lejos de su familia, ella podía acompañarlo en algún viaje de trabajo por zonas cercanas, pero como dice el sabio refrán: “tanto va el cántaro a la fuente que al final…” “Todo comenzó cuando durante uno de esos viajes le dije que me dolía la espalda, detuvo el auto y se ofreció a darme un masaje, le di la espalda, sentía sus manos frotándome, sensación muy placentera, tan desconocida como impropia, me dejaba estar en sus manos, complacida y gratificada, fue deslizando las manos hasta cubrirme los senos, mi silencio le permitió tomarlos por completo, hasta darle un par de apretaditas. La urgencia de continuar el viaje dejó latiendo el deseo, ambos sentimos el pecado a flor de piel, la prisa por llegar nos volvió a la realidad, las culpas compartidas abrían un compás de espera en el masaje atrevido. De forma “inocente”, al día siguiente, se repitió la escena, sumando el masaje la desnudez y los besos, haciendo el amor con la pasión de mi primera vez, el hombre maduro estrena mi vocación sexual, su experiencia me conducía por los ardientes caminos de la pasión, ...