1. Mi nueva madre


    Fecha: 02/02/2023, Categorías: Incesto Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos

    ... piernas, cintura y sus parados senos, lateralmente. Evitando asomarme más allá para no ser descubierto. La panorámica era asombrosa, podía ver con toda claridad sus atléticas piernas blancas y su par de deliciosas tetas redondas, endurecidas, con sus pequeños pezones rozados completamente erguidos, sacudiéndose mientras sus manos le daban placer, jugando en su entrepierna.
    
    Entonces se movió y me asusté. No estaba seguro si me había visto o escuchado, pero retrocedí un par de pasos por mero instinto. Esperé un momento, y al escuchar nada, regresé a su puerta para continuar espiándola.
    
    Cuando me asomé de nuevo, la vi en otra posición, esta vez estaba en cuatro, arrodillada sobre su cama, tocándose con una mano por debajo de su cuerpo hasta su depilada vagina. Ahora, girada a un costado de su cama hasta dejar colgando sus pies por el borde de la misma, podía ver mejor el espectáculo, observando a mi madrastra complaciéndose al meterse un par de dedos por detrás, tan fuerte y profundo como era capaz.
    
    Podía escuchar su mojada vagina haciendo sonidos acuosos entre sus dedos, mezclados con los gemidos de placer que exhibía sin censura, expresando todo ese gozo que se proporcionaba a sí misma, creyendo que aún estaba sola en casa. Estaba tan cerca que hasta podía oler su sexo lleno de sus secreciones íntimas escurriendo entre sus manos.
    
    Incapaz de contenerme, me saqué el falo completamente erecto y lubricado por la excitación de solo mirarla, y comencé a jalármelo con ...
    ... extremo placer. Lo hacía lento y contento, intentando contener mi agitada respiración relamiéndome los labios. Completamente loco por comerme a mi futura madre ahí mismo. Mirándola tan excitada como yo, gimiendo y gozando al borde del orgasmo, escuchando cómo exhalaba un profundo alarido insinuándome que estaría a punto de venirse, contorneándose en la cama, levantándome el culo en cada arremetida de sus dedos dentro de ella, metiéndoselos y sacándoselos profundamente, como aclamando por un buen pene, mientras se restregaba su clítoris con la otra mano.
    
    Entonces no pude resistirme más. Ya descarrilado, me adentré a su habitación con la pija de fuera. Ella estaba tan perdida en sus caricias que nunca se percató de mi presencia. Me acerque por detrás hasta su culo. Ahí me acoplé de tras de su blanco trasero mientras aún se masturbaba, y sin más, le clavé mi enrojecido pene, duro como roble, en una de esas veces cando sus dedos estaban fuera.
    
    Su cavidad estaba tan lubricada que no forcejé en absoluto para deslizar mi falo hasta los confines de mi madrastra, quien enseguida soltó un agudo grito estremecedor de espanto, intentando reincorporarse o gatear lejos de mí para sacarme de ella, pero no se lo permití. La sujeté con fuerza por la cintura y la arrimé todavía más a mis caderas para terminar de ensartarle toda la verga hasta el fondo, cual se deslizaba como mantequilla entre sus calientes pliegues vaginales.
    
    Ella gritaba desgarradoramente, estaba realmente asustada, ...