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El ancho de un hilo
Fecha: 03/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... el parquecillo veía brillar sus dientes blancos mientras ella hablaba en la semioscuridad, me saqué la polla tiesa y no dije nada mientras seguía mirando su fascinante boca. Ella se calló de golpe. Me miró desconcertada. De perdidos al río, pensé, he hice gesto de cogerla por el hombro para que se inclinase al pilón conforme estábamos sentados. Se puso tensa.¿que quieres? ¿Que te la chupe?.dijo en tono desafiante en su medio español. Vaya pregunta, pues claro. Entonces sin más, se inclinó y empezó a chupar. Y comenzó la primera lección de las muchas que me dieron las mujeres en aquella época y que harían que mi forma de pensar no volviese a ser la misma. Agarró los güebos con delicadeza, con la lengua repasó el capullo del chorreo que traía de toda la noche mirándole las tetas, y de dos chupetones ya tenía la leche en el cielo de la boca. Visto y no visto, no pude hacer nada, sólo avisar, como solía hacer hasta entonces. Para qué, ni le importaba el aviso ni cualquier cosa que yo opinase, disfrutaba como una posesa, era la polla y ella, disfrutando hasta la última gota y la escurría sin sacársela de la boca, ronroneaba como un gatito , me acariciaba los güebos, chupaba con fuerza y otra corrida a su garganta. Yo no tenía ningún control de la situación. Hasta que no se hartó de leche, después de tres corridas seguidas no se la sacó de la boca. Pero todavía me dejó con la polla tiesa. No me había pasado antes. Nunca había conocido una mujer siendo solo hembra hambrienta, sin ...
... pensar en nada, sin preocuparse nada más que de su propia satisfacción, el egoísmo hecho sexo, como una fuerza imparable de la naturaleza, y yo solo un comparsa en el cielo. Si me quiere matar a polvos no había nada que alegar. Esto me pilló de improviso, jamás me esperaba ser yo el objeto sexual, sin voz y sin ganas de rechistar; así que para retomar las riendas propuse de terminar de llegar a su casa para ver si follando en la cama volvía mi aparente seguridad. Estaba amaneciendo, y todavía, hasta delante de los pescadores me la chupó dos veces en la playa. Y aunque la gente mirara chupaba con tal deleite que no dejaba una gota en el capullo. Es más, aún lo dejaba tieso y dispuesto para otro chorretón aunque los güebos estuvieran secos. Después de esto jamás he vuelto a avisar a una mujer ni de la hora que es, cada una puede disfrutar como quiera, sólo se que si me ha dado gusto, si la he querido a morir, aunque hayan sido nada más que diez minutos, se ganado la leche para recibirla donde y como quiera. La diferencia entre pasarlo bien o el cielo es un punto de locura animal, tan cerca de la mente lúcida que apenas lo separa el ancho de un cabello. Pero no sería el único hilo que se iba a romper aquella mañana. Ya en su casa, como yo estaba empeñado en follar , se sonreía en la cama con las piernas abiertas. Definitivamente aquel día no mandaría yo. Dijo que tenía un tampón pero que podía follar si a mi no me importaba. La tía estaba tan buena que se la ha hubiera metido ...