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El ancho de un hilo
Fecha: 03/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... aunque se hubiese dejado los pantalones vaqueros puestos. Abierta de piernas, flexionó las rodillas y dejó que me acomodara entre sus muslos calientes. El hilo del tampón asomaba de su chocho sonrosado. Ella se sonreía, no será para tanto, pensé yo, le metí la puntita y estaba seco, esto será cuestión de insistir, digo yo, se la metí a fondo, parecía que la había metido en un rallador. Insistía, era como lijarse la polla con la psred. Otra vez para adentro y ya empezaban las quejas, fuera bromas, joder como escocía. Me rompió el frenillo y me dejó el capullo desollado. Ella se reía del escarmiento que le dio a ese jovenzuelo arrogante. A mi me dejó la polla en carne viva, que casi ni me la pude tocar en un mes. Aunque semanas más tarde el susto lo tenía ella. Por más que se metía en la bañera de agua caliente el tampón no le bajaba. Se lo encajé en el útero, digo yo. Y cuando un tiempo después nos vimos lo primero que me hizo fue arañarne la cara hasta el hueso, por lo que, según ella, yo le había hecho con el dichoso tampón. A partir de ahí la relación siguió por derroteros parecidos o incluso aún más absorbentes y violentos el uno con el otro. Pero tengo que reconocer que fue la primera lección que me dio una mujer en el sexo. Si quieres disfrutar de una mujer deja que sea ella misma. Y sea lo sea que le guste, te hará feliz. Después de ella empecé a dejar que cada una de las mujeres que fui conociendo se descubra a si misma, y aunque fuera novata, la experiencia de un ratito con una hembra egoísta vale más que diez polvos a una mesa camilla. Creo que el resto de las mujeres que me abrieron los ojos a los veinticuatro las contaré otro día. Y todas tienen el factor común que ni ellas mismas sabían como eran hasta que se vieron libres de dejar volar a sus instintos, y por suerte yo pude disfrutar de esos momentos de locura.