1. Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin


    Fecha: 18/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos

    ... empezar a trabajar. Llegó de noche y me encontró cenando, a lo que dijo con voz muy amargada "buenas noches, provecho". Contesté amablemente, pero él fue hacia su recámara de inmediato, la cual estaba al sur de la casa y en planta alta, mientras que la mía estaba al norte y en planta baja. «Si el señor Romanin me hubiera presentado a su hijo no se lo creía, el señor está feo pero su hijo es un galanazo» me deshice en elogios luego de ver al papucho alto, guapo y musculoso de Gustavo.
    
    Esa noche fui a mi recámara como si nada, pero a la siguiente noche no pude evitar tocarme y pensar que ese bombón me hacía suya. Ahogué mis gritos en la almohada al provocarme orgasmos y me impuse el reto de seducirlo algún día.
    
    Tristemente, era más huraño de lo que pensaba. Por más que me mostraba muy amable cuando él llegaba, nunca se desviaba de su camino hacia su recámara y en ocasiones hasta me ignoraba. No me sentía bien insistiendo, por lo tanto, dejé de ser amable las siguientes dos semanas, hasta que cumplí un mes de estar trabajando ahí.
    
    El señor Romanin fue a verme temprano para darme el pago de mi segunda quincena (no pagaba nada mal) y se retiró. El día parecía ser normal hasta que cayó la noche y el joven Gustavo abrió la puerta. Yo solo me asomé a verlo y seguí con mis deberes, aunque me pareció extraño que se quedara parado viendo hacia el suelo. De pronto, me sorprendió escuchar su voz sin haberle dicho algo yo primero.
    
    —¿Cómo está Lorena?
    
    —Perdón, estoy bien, ¿y ...
    ... tú? Pero no me hables de usted, soy casi de tu edad —dije sonriente y disculpándome al principio por haber volteado a otro lado, creyendo que le hablaba a alguien más.
    
    —De acuerdo. También estoy bien, en lo que cabe —lo escuché algo triste.
    
    —¿Sucede algo?
    
    —No. De verdad estoy bien.
    
    —¿Quieres que te sirva algo de comer?
    
    —Claro. No estaría mal.
    
    —Vale. Ponte cómodo y cuando esté lista la comida te llamo.
    
    Me sorprendí de poder entablar una charla con él y de inmediato le preparé algo de comer. Mientras él se alistaba, tomé el teléfono de la casa y contacté al señor Romanin para comentarle lo sucedido, tal y como me dijo cuando me contrató, que si su hijo me pidiera de comer le contara. El señor Romanin solo me agradeció y colgó, lo cual se me hizo un poco extraño.
    
    Me puse cómoda para cenar con Gustavo, luciendo un poco cachonda para atraerlo. No obstante, logré ganarme su confianza y rompió mi ilusión de acostarme con él.
    
    —La verdad es que no me siento bien. Te confesaré algo: Me gusta un chico de mi escuela llamado Adrián, pero él es heterosexual.
    
    —¿Y tú eres bisexual? —pregunté con la última esperanza.
    
    —No, soy cien por ciento gay —dijo sonriendo—. Perdón si me comporté grosero al principio, era por eso. Las anteriores sirvientas me coqueteaban y pensé que tú también lo harías, pero noté que no eres así.
    
    «Si supiera» pensé dentro de mí con ganas de reírme.
    
    Para mí era algo extraño relacionarme con un gay. Nunca en mi vida lo había hecho e ...
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