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Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin
Fecha: 18/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos
... insistía preguntándole si no le gusta ni tantito una mujer, pero su respuesta siempre era no. Me decepcioné que semejante adonis no se viera atraído por mí. Sin importarme eso, escuché atentamente todos sus secretos que a nadie más le había contado. Se desahogó conmigo en medio de una plática motivacional que resultó en el inicio de una linda amistad y le pedí que con el paso de los días me contara sus avances por conquistar a su pretendiente. Transcurrieron los días, hasta que llegó la siguiente quincena. Gustavo no tenía éxito con su cometido, pero lo notaba más feliz. Parecía que mi amistad le hacía bien y eso me alegraba. Lo que se me hizo raro fue lo que el señor Romanin me dijo en la mañana al momento de pagarme. —Hoy llegaré a dormir en la noche. Solo requiero que a las once de la noche me lleves un té de hierbabuena para tomar mi medicamento, si no estoy en mi habitación me esperas, por favor. Dieron las once de la noche. El señor Romanin ya había llegado horas antes, pero estuvo en su oficina. No tardé en llevarle su té a su habitación, pero para sorpresa mía, Gustavo estaba ahí antes porque dejó el correo en el buró de su papá y en cuanto me vio llegar, abrió mucho los ojos. —Es una trampa —dijo con tono de preocupación. El joven quiso salir corriendo por la puerta, sin embargo, fue más rápido el señor Romanin en llegar a la recámara y se encerró con nosotros, poniéndole llave al cerrojo. Yo no sabía qué pasaba, hasta que el señor Romanin habló a ...
... manera de regaño. —¡No vas a ninguna parte Gustavo! ¡Y tú! ¡Lorena! ¡Acuéstate! —¡No, papá! ¡A ella no! —¡Que te acuestes! ¿¡No escuchaste tarada!? Yo estaba muy nerviosa y me vi obligada a obedecer la orden del señor Romanin, quien siguió gritando. —¡Gustavo, tócala! El joven empezó a llorar y su papá le dio una cachetada muy dura. —¡No seas puñal, cabrón! ¡Quiero que se te quite lo puto! ¡Tócala, desnúdala y cógetela! Yo me veía entre la espada y la pared. No sabía si defender a Gustavo o seguir de sumisa. Pero ante la negación del joven, el señor Romanin se adelantó. —¡Pon atención güey! ¡Quiero que lo hagas igual! El señor Romanin se acercó a la cama, me jaló hacia él y me bajó la ropa interior por debajo de mi falda del uniforme de sirvienta. —Tú no te preocupes, solo afloja y disfruta. Te pagaré más la siguiente quincena por esto. ¡Y cuidado si le dices a las autoridades! Mientras me decía lo anterior, el señor Romanin ya me había abierto de piernas y metido su pene. Yo me estaba dejando sin poner resistencia, pero no lo disfrutaba por lo mal que se sentía Gustavo. El señor Romanin me penetraba duro y rápido. Su verga no la tenía nada mal, mediana pero gruesa. Todo un semental para su edad. —¿Sí estás viendo, hijo? —preguntó volteando a ver a su hijo mientras seguía cogiéndome. Gustavo solo lloraba y veía a través de un pequeño espacio que dejaban sus manos que se había llevado a la cara—. Vete bajando el pantalón y el calzón, ...