1. Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin


    Fecha: 18/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos

    ... Gustavo. Para que le metas la verga. ¡Órale! ¡No te quedes quieto!
    
    No creí que se me fuera a hacer realidad follar con Gustavo, pero no quería que fuera de esa manera. El señor Romanin vio que su hijo no le hacía caso y él fue a quitarle la ropa y a ponerlo frente a mí.
    
    —Perdóname, Lorena —dijo él entre lágrimas.
    
    —Descuida, no pasa nada.
    
    Ante la fuerte presión de su padre, Gustavo metió su pene en mi vagina, el cual no estaba nada parado. El señor Romanin se acercó y metió su dedo en mi vagina para ayudar a que el pito de su hijo estuviera bien adentro de mi concha.
    
    —Ahora muévete. Sin miedo. Dale con todo, campeón.
    
    Gustavo metía y sacaba su pene de forma lenta y con frustración. De repente, se salió de mi vagina.
    
    —Vuélvela a meter. ¡Pero dale con ganas, hijo! ¡Lorena! ¡Quítate lo demás para que vea tus senos!
    
    Yo hice lo que el señor Romanin me decía, pero Gustavo no respondía como su papá quería.
    
    —¡Eres un inútil! —Gritó el señor Romanin dándole una cachetada a su hijo luego de que él dejara de penetrarme y se volteara—. ¡Pásate del otro lado de la cama y súbete! ¡Lorena! ¡Ponte de perrito!
    
    Mientras yo ejecutaba la orden, el señor Romanin se subió a la cama y me acomodó para darme en cuatro. Sinceramente, el señor Romanin lo hacía muy bien. Me estaba dando duro y se movía muy rico, pero como yo no gemía, comenzó a tirar de mi cabello y darme nalgadas muy duras, a lo que yo comencé a gritar de dolor, más no de placer. De pronto, comencé a notar ...
    ... que a Gustavo se le estaba poniendo más firme el miembro y su papá también se dio cuenta.
    
    —Es tu turno, hijo. Verás que te gustará en esta posición.
    
    Con mucho temor y la presión de su papá encima, Gustavo se colocó atrás de mí y me penetró. Mientras el señor Romanin se masturbaba al vernos, Gustavo empezó a cogerme aunque con miedo y todo parecía que volvería a quitarse.
    
    —¡Lorena! ¡Dile cosas para provocarlo!
    
    —Claro —susurré—. ¡Ay, Gustavo! Mmmm qué rico me la metes.
    
    —¡Dile que te dé más duro!
    
    —Mmmm ¡sí! Duro, duro. ¡Ay, sí! ¡Dame más duro papi!
    
    De pronto, Gustavo me tomó de la cintura y comenzó a follarme más rápido y duro. Mis gemidos fueron dejando de ser fingidos y ya eran reales. Ya no lo estaba sufriendo, ahora lo estaba disfrutando y Gustavo era felicitado por su padre, quien le pedía continuar así. Sin embargo, el señor Romanin se dio cuenta de la trampa que estaba cometiendo su hijo.
    
    —¡No cierres los ojos, Gustavo! ¡Vele el culo! ¡Ve como le rebotan las nalgas y se le alborota el cabello!
    
    Gustavo se cansó y se acostó, pero su padre era el que no estaba satisfecho.
    
    —¡Lorena! ¡Dale sentones así como está acostado!
    
    Me subí en Gustavo, me enterré su verga en mi concha y comencé a azotarme como lo sé hacer.
    
    —¡Que abras los ojos, chingada madre! —le gritó su papa—. ¡Agárrale los pechos!
    
    Tuve una buena idea y esa fue agacharme poco a poco y fingir que nos estábamos besando.
    
    —Cierra los ojos —le susurré mientras me seguía azotando ...
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