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Mi prima se viste de novia (Capítulo 7)
Fecha: 28/02/2023, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
Al escuchar sus palabras, bajé una mano y la apoyé en su cola. Mi prima siguió acariciándome la pija suavemente sobre el bóxer, sin dejar de mirarme a los ojos, aunque los míos ya se encontraban desviados hacia el techo. Cuando mi erección ya fue más que evidente, Julia comenzó a jugar con sus uñas. Me rascaba la verga sobre la tela con un dedo, a veces dos, sin notar mi temor a que vaya explotar en cualquier momento. La imité rasguñándole despacito la nalga. Rondaba el silencio y ambos sospechábamos que sería poco práctico emitir palabra alguna. Ya preso por el demonio, apreté el dedo índice sobre su ano, como queriendo metérselo con bombacha y todo. El silenció se rompió con su suspiro. Giré mi cuerpo y ella acomodó el suyo, hasta quedar enfrentados y otra vez mirándonos cara a cara, aunque en realidad lo que nos mirábamos eran nuestras bocas. Me moría de ganas de besarla, de sentir el gusto de su lengua enroscada contra la mía. El olor de su aliento se sentía como la peor de las morbosidades diluida en los dos o tres centímetros de aire que había entre nosotros. Sin pensar nada más, puse mi mano en la parte de la tanga que sostenía a su conchita y al presionar un poco con el dedo que segundos antes tenía en su ano, recordé a Macarena. Maca había sido mi primera novia, mi primer gran amor, con ella había tenido mi primera experiencia sexual y ella también lo había hecho conmigo. Tal vez percibir la concha apretada de mi prima bajo su bombacha conectó en mi ...
... mente aquella hermosa sensación al romperle el himen a esa morochita de la cual había estado perdidamente enamorado, varios años atrás. Pero al instante supe que no, no era eso. Macarena me había dejado de un día para otro y en aquellos tiempos mi corazón estaba destrozado. No entendía por qué, ni para qué, ni siquiera hasta el día de hoy he logrado encontrar alguna pista previa que se me haya podido haber salteado entre tanto amor y llanto. Había cortado la relación dejándome completamente sorprendido y desbastado, es cierto, pero también me regaló una flor de lección: a los pocos días de su tajante decisión me llamó para volver a vernos. Imagínense mi alegría e ilusión, en aquel entonces, al sentir que la recuperaría, que no volvería a equivocarme (si era que lo había hecho), que conseguiría otra oportunidad y que volveríamos a estar juntos, ésta vez para el resto de nuestras vidas. Nos encontramos y pasamos una tarde fantástica. No dejé de decirle cuánto la amaba y todo lo que cuidaría de ella desde ese día en adelante. Verla sonreír y hasta emocionarse con mis palabras, me hicieron sentir el pibe más feliz del mundo. Esa fue la última vez que la vi. Esa tarde me había “chequeado”. Su ego en realidad me había chequeado. Había pasado la tarde conmigo solamente para inspeccionar cada detalle, para saber si yo seguía disponible para ella. Supo que sí, se tranquilizó, se sintió mejor con su autoestima y siguió adelante. Sin mí. Ya no me necesitaba y lo bien que ...