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Un caramelo para cuatro viejos
Fecha: 06/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... al natural. Se chupó los dedos y posó el tarro sobre la mesita. Al pasar la lengua de abajo a arriba por su coño lo encontré empapado. Mi prima se mojaba mucho, cosa rara, pues no era una jovencita. Acariciándome la cabeza, me preguntó: —¿Te gusta mi concha? —Sí, está jugosita. —Y más que lo va a estar. Le abrí el coño con dos dedos. Lamí un labio, después el otro. Levantó el culo y le lamí el ojete y el periné, luego le follé la vagina con la lengua repetidas veces, acto seguido lamí su clítoris de abajo a arriba. Mi prima movió las caderas alrededor. Volví a los labios y volvió a levantar el culo, esta vez le follé el ojete con la punta de la lengua. Comenzó a gemir. Ahí me di cuenta de que era una viciosa, y no por que le gustara que le comiera el culo, sino porque me apartó, subió encima de mí, me cogió la polla, la acercó al ojete, empujó con el culo y la metió hasta el fondo, después acariciando el clítoris, me folló a su aire. Sus enormes tetas volaban de abajo a arriba y de arriba a abajo. No se las magreé. Me gustaba verlas volar. Al rato, me besó con pasión mientras metía y sacaba a toda pastilla... Se volvió a incorporar y sin tocar su clítoris, y me dijo: —¡¡Me vengo!! Se derrumbó sobre mí. Sentí cómo sus tetas temblaban sobre mi pecho, cómo su coño apretaba mi polla, cómo sus flujos vaginales encharcaban mis huevos y cómo mordía mi cuello. Al acabar me volvió a besar, sacó la polla del culo, y me la mamó, no le importó que ...
... estuviera machada de lo que estaba, mamó. ¡Y cómo mamaba la jodida! Iba con su lengua desde los huevos al glande y lo chupaba cómo si tuviera un succionador en los labios, lo dicho, hacía virguerías con su boca, debieran ser ciento de pollas las que pasaran por ella. Cuando me tuvo a punto la metió en el coño, y me folló sin piedad... Clavando hasta el fondo con toda la fuerza que tenía en el culo. Me corrí cómo un lobo... Le llené el coño de leche al tiempo que le estrujaba las tetas. Sonreía cómo una puta que acaba de hacer su trabajo cuando me dijo: —¿Te folla así tu mujer? Le di la vuelta, metí mi cabeza entre sus piernas y le comí el coño. La había sorprendido, me preguntó: —¡¿Qué haces?! —Comértela mientras sale mi leche. ¿Te lo hicieron tus otros amantes? —¡¿Qué?! —Que te la voy a comer hasta que te corras en mi boca. —No me gusta el sexo tan guarro, pero bueno, si te empeñas. Ni cinco minutos tardó en llenarme la boca con sus jugos calentitos, y podría seguir contando, pero no quiero aburrir. —No aburres, sigue —dijo Moncho. Ya se acabó la comida. Otro día hacemos otra sesión. —¿No ibas a hablar con tu sobrina? —preguntó Fon. —Sí, a ver si no se molesta. El comedor de la casa de Fon tenía una mesa con 24 sillas. Allí se habían reunido capos gallegos que acabaran en la cárcel o que ya estaban muertos. En las paredes había trofeos de caza: Cabezas disecadas de ciervo, de jabalís, de zorros... En el piso una gran alfombra roja sobre ...