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El ginecólogo, el hijo y la nuera
Fecha: 06/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio_Vega, Fuente: CuentoRelatos
... problema en atender a Caro, también le puedo pasar el teléfono de alguna colega, para que no se incomode”, dije fingiendo convicción, pero convencido de que iba a tener a esa potra abierta de gambas en mi consultorio. “En todo que me escriba un mensaje y la veo en el consultorio privado”. “Gracias viejo, sabía que no me ibas a fallar”. Carolina no tenía la cara de putona de mi hijastra pero escondía una sensualidad detrás de esa postura de mujer pendiente de mi hijo. Sabía, por comentarios de mi hijo, que estaban buscando hijos desde hacía unos cuantos meses y no pasaba nada. Y que por eso habían decidido hacerse estudios. Llegó puntual a mi consultorio. Yo había desordenado un poco el armario del instrumental para que diera la sensación de movimiento. La realidad era que en el último año sólo había atendido a dos mujeres en ese consultorio. A la hija de mi esposa y a una sobrina. Y ambas con resultados excitantes. Hablamos un poco para poder llenar la historia clínica. Había venido con una calza diminuta y una blusa que le dejaba a la vista los lados internos de sus tetas, que parecían más grandes y redondas por la presión del corpiño. Se había atado el pelo y por primera vez pude ver un cuello delgado en sus hombros erguidos. Tenía la piel morena y humectada. Mientras ella hablaba yo fingía tomar nota. Me contó que tenían la idea de buscar un hijo pero que se les estaba haciendo difícil. Fue la primera vez que sentí un poco de pena por ella en una situación que ...
... realmente la avergonzaba, a pesar de aquel comentario subido de tono en una borrachera. “A veces unos meses no es nada cuando uno está obsesionado con la búsqueda”, le dije para tranquilizarla. “Ojalá fuera eso, pero prefiero que se lo cuente su hijo”, me dijo con una voz que se fue apagando sensualmente como para no inhibirme. Sabía que si hacía bien las cosas me iba a coger a la mujer de mi hijo, en mi consultorio privado y con una visita pedida por él. Primero le di órdenes para análisis de rutina, sangre, orina, mamografías, ecografías, etc., como para justificar lo que tenía pensado hacer acto seguido. Y para que además me pagaran la visita. “Te voy a pedir que te saques la ropa y te sientes en la camilla”. Yo la había preparado con inclinación perfecta como para que su vagina me quedara a centímetros de la cara. “Puede ser que te incomode un poco, y lo entiendo, pero como me dijiste alguna vez “yo me canso de tocar conchas, ja ja”. Mi comentario descomprimió una situación difícil y vi como instantáneamente sus pezones se pusieron duros y puntiagudos. Tenía unas tetas perfectas, naturales, ni grandes ni pequeñas, pero redondas y firmes y con unos pezones rosados y carnosos. Tenía las piernas largas y las nalgas firmes y los abdominales marcados. Una piel suave y recién bañada en crema. Carolina se sentó en la camilla y abrió las piernas para colocarlas en cada uno de los soportes que los ginecólogos usamos. Tenía una vagina rosada, recién depilada y con labios ...