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Consolando al señor
Fecha: 12/04/2023, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Había nadado por muchos lugares en la corta vida que llevaba en este mundo. Huérfano, me vi de pronto yendo de un instituto a otro. Era un valija con patas. Por fin un día alguien quiso que me quedara en su casa. Adoptarme. Allá fui. La casa era común y silvestre. Mi padre adoptivo nunca estaba en casa y mi madre una mujer fuerte aguanto lo mas que pudo. Porque al cabo de un tiempo descubrió que mi padre adoptivo tenía otra familia y este se fue con ella. Mi madre salió adelante y yo me quedé como hijo único. Ella me dio todo. Creo que en parte también me malcrió, pero en el sentido que nunca me faltó nada. Me daba todos los gustos. Así fui creciendo en aquel barrio populosos de la Capital. Me hice muy amigo en el colegio de curas de Nelson Mosto. Era un muchacho africano, en realidad de raíces africanas. No era muy común ver un chico negro por aquellos años, pero yo me hice muy amigo. Así fue que conocí a su familia. La señora Moste era una blanca mujer bonita y de buenas formas, muy simpática y habladora. El señor Moste, era alto, de buenas formas, casi atléticas, de mas joven había sido un corredor de distancias, aunque siempre de forma amateur. Íbamos y veníamos de una casa a la otra. Nos conocíamos todos. Nelson se llamaba igual que su padre y además tenía dos hermanos más. Lentamente se fueron yendo de la casa. hasta que solo quedó Nelson con sus padres. La señora Moste casi nunca estaba en casa. Salía bastante, a mi no me importaba, pero alguna ...
... vez llegué a la casa y escuche alguna discusión. Además el propio Nelson alguna vez comentó que la madre no lo atendía bien, que siempre se estaba yendo con amigas y que se yo, el se sentía muy mal, como un chico abandonado. Yo no le di importancia ya que a pesar de todo estaba con sus padres. Transcurríamos los últimos días de escuela. Nos estábamos por graduar. Los días eran cada vez mas calurosos y nuestros cuerpos se movían a la luz de las hormonas que se revolucionaban. Andábamos todo el día alzados, esa es la verdad. Todo nos excitaba fácilmente, eran aquellos días de la juventud, de la niñez que se iba sin ms remedio y que ya no volvería y estábamos entrando en ese umbral que define muchas cosas o a veces no, pero en fin. Aquel día habíamos quedado en vernos en casa de Nelson. El me había dicho que tal vez llegaría un poco tarde a la casa pero si llegaba antes lo esperara. Era media tarde, el sol llegaba hasta la vereda calentando. Iba silbando, sintiendo el sudor que chorreaba por mi blanco cuerpo caliente en el exterior y en el interior, así sin mas de la nada. En el frente grande de la casa de Nelson me tope con la madre de este que casi no me vio. Iba con una valija grande y la cabeza gacha, subió a un auto que la esperaba, un auto moderno y partió velozmente dejando una estela de humo. Toqué muy preocupado la puerta que estaba semi abierta, se ve que hacía la había dejado la mujer. Al golpear la puerta esta se abrió mas así que entré de forma ...