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Gustavo, mi primer hombre
Fecha: 19/04/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... cuerpo trabajado y siempre de traje o a lo sumo, camisa y corbata. Cuando él aparecía yo respiraba masculinidad. “Me dijo que arme un after office y que te avise”, agregó. Me sorprendió la invitación, la verdad era que sabía que no pasaba desapercibida, pero de ahí a tener la posibilidad cierta de enfrentar a un tipo con esas cualidades, me dejó pensando. Luz me dijo, “estoy armando para este viernes, no hay que dejar que se enfríen las cosas. No le voy a decir a muchos para que pueda sentirse tranquilo, ya sabes que él es casado.” Si, ya sabía, pensé, y la verdad me importaba nada, por dos cosas. Una era que si no pasaba nada, luego cada cual a su casa, y la otra era que si pasaba algo, estaba decidida a dejar hacer. Llegó el viernes y había ido a trabajar, como normalmente lo hacía, vestida con unos pantalones beige y una camisa blanca, debajo tenía corpiño y arriba de este una remerita básica blanca. En un bolso llevaba mi ropa de combate. Ese día apuré todo para terminar con tiempo y cambiarme, debíamos encontrarnos a las 18 en un bar en Puerto Madero. Cuando terminé de hacer todas las tareas, me quedaban poco más de dos horas. Empecé a pensar dónde cambiarme y terminé volviendo al departamento. Me lavé las axilas, el cuello y las lolas. Y me empecé a cambiar. Elegí un culotte de encaje negro, falda negra bastante corta, y terminé poniéndome una camisa de encaje negra, quería ir sin corpiño y la blanca dejaba ver mucho mis pezones. Y así, con un saquito ...
... beige, salí para el bajo. Me tomé un taxi porque a esa hora el subte estaba lleno de gente. Llegué a las 18:15 y ya estaban Luz, Gustavo, Corina y Pamela que eran del sector contable, Gaston, otro gerente pero de menor nivel que Gustavo y Marcelo, un contador nuevo que había ingresado hacía poco mas de tres meses. Ellos ya estaban acomodados en la barra, así que los saludé uno por uno y me paré al costado de Luz, que estaba sentada en una silla alta. Casi en el mismo momento Gustavo nos dice de ocupar unos sillones que estaban cerca. Fuimos todos para ahí y la verdad que eran comodísimos, pero se perdía la conversación por la distancia y la música. Cuando nos estábamos acomodando llegó Sergio, el presidente de la empresa, un cincuentón muy buen mozo. Se lo veía poco, y era porque, según Luz, se la pasaba haciendo relaciones públicas, y sería cierto. Gustavo, ni lerdo ni perezoso, se sentó a mi lado. Estabamos en un asiento de tres. Del otro lado se había acomodado Sergio. Me senté en el borde del asiento para poder participar más de la reunión. También pude ver mejor al presidente y a Gustavo, que conservaron puestos sus sacos todo el tiempo. Ambos tenían relojes caros y pulseras de oro, como demostrando su poder. La cuestión es que empezaron a venir los tragos y botellas, acompañados de cosas para picar. A la media hora me reía de cualquier cosa. Y para cuando habían transcurrido masde dos horas, ya había perdido bastante control. Se habían ido el contador junior y ...