1. Soy puta


    Fecha: 22/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... cena tiraba la servilleta al suelo para que mi comensal me la recogiese galantemente, entonces me abría de piernas y le enseñaba mi chochito desnudo, libre de ataduras. Esto siempre funcionaba, el agradecido cliente se levantaba con una espléndida sonrisa entre los labios, que yo hacía corresponder con otra mía.
    
    Pero como casi todo en la vida, nada es para siempre. Un día llegó mi hora, uno de mis clientes se encaprichó conmigo, me seguía a todas partas y se ponía súper celoso cuando me acostaba con otros. Una noche al volver del trabajo me esperó en mi portal y la emprendió a golpes con mi preciado cuerpo sin mediar palabra. Me encontraron tirada en el suelo, inconsciente, en la entreplanta de la escalera.
    
    Pasé semanas en el hospital hasta mi completa recuperación. Lo ocurrido me hizo recapacitar y ya nada fue como antes, hasta pensé en dejarlo pero una vez que te acostumbras al dinero fácil resulta prácticamente imposible dejarlo, es como una droga.
    
    Decidí mudarme de ciudad. Para no llamar la atención me busqué un apartamento más discreto en un barrio humilde y volví a comenzar de nuevo. A partir de ese momento fui más discreta y seleccionaba mejor a mis clientes.
    
    Una mañana de primavera, cuando salía de mi nuevo apartamento, iba caminando por la acera frente a un parque y olí a césped recién cortado ¡Ese olor me embriagó! ¡Me encanta ese olor! Había un chico junto a una máquina cortadora de césped, llevaba gorra y estaba sacando el césped recién cortado de ...
    ... ella cuando me vio acercarme, al verme me sonrió.
    
    — ¡Buenos días señorita! —me dijo con una sonrisa de las más inocentes que haya visto.
    
    — ¡Buenos días chico! —conteste devolviéndole la mejor de mis sonrisas.
    
    Al verlo más de cerca me di cuenta de que el muchacho padecía el llamado síndrome de Down, automáticamente no pude evitar sentir algo de lástima. Aunque lo cierto es que me cayó simpático y decidí charlar un poco más con él.
    
    — ¿Estás cortando el césped? —pregunté ingenua, pues era obvio lo que estaba haciendo.
    
    — Si señorita, me gusta cortar el césped —dijo él con tono campechano.
    
    — ¡Me encanta el olor del césped recién cortado! —exclamé inspirando profundamente, y llenando a tope mis pulmones.
    
    — A mi también, ¿cómo te llamas? —me preguntó el muchacho.
    
    — Me llamo Lucía, ¿y tú guapo?
    
    — Yo me llamo Francisco, aunque mis amigos me llaman Fran.
    
    Así fue como le conocí, aquí comenzó nuestra historia juntos…
    
    El muchacho le devolvió de nuevo su inocente sonrisa, como todas las suyas. Una sonrisa que despertaba mucha ternura y que inmediatamente conectó con Lucía, tal vez el poder de la inocencia en un hombre, algo que lamentablemente ella no veía muy a menudo.
    
    — ¡Oh pues encantada de conocerte Fran! —exclamó Lucía de muy buen humor—. ¿Y trabajas por aquí todos los días?
    
    — Si, estamos por este parque, yo mi mis compañeros —le dijo señalando a otro grupo que estaba desperdigado por aquel parque frente a su edificio, en el que Lucía no había ...