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La confesión de mi amiga Sara (1)
Fecha: 24/04/2023, Categorías: Confesiones Autor: siemprefuiyo, Fuente: CuentoRelatos
... manos, ahora a mi espalda, me dio un pequeño empujón impulsándome a salir del cubículo... Quise morirme de vergüenza, había dos chicos esperando para entrar justo de frente y me miraron petrificados… y yo igual… me sentí tan expuesta en ese momento… tan frágil y vulnerable… que de pronto me sentía como si estuviera completamente desnuda y me arrepentí del atuendo que había elegido para salir esa noche, una minifalda y la blusa escotada. Y entonces le escuche detrás de mi decir: “eh, chicos, mirad cómo me la ha mamado esta PUTA”. Recuerdo que enfatizó mucho la palabra, como si se le llenase la boca al pronunciarla o como si la escupiese con desprecio sobre mí. Luego me soltó el brazo y se salió del baño carcajeándose y dejándome allí sola después de haberme exhibido como su trofeo. —… —Di algo, por favor. —Los otros tipos… te hicieron algo… —Esos dos permanecieron sin saber cómo reaccionar, tenían pinta de frikis, pero un tercero que debía estar meando en el urinario del fondo se asomó por la esquina con curiosidad tras ser alertado por el grito y después de mirarme sonriente, se me acercó, me rodeó la cintura con su brazo dejando caer su mano sobre mi culo y preguntándome mientras si me había quedado con ganas de más polla. Recuerdo que me llamó nena y comentó que la tenía bien dura para mí y como yo seguía inmóvil debió interpretarlo como una señal para seguir adelante, porque cogió mi mano y empezó a llevársela a su entrepierna. Sentí miedo y todo lo que ...
... recuerdo después es echar a correr y no paré hasta que sentí el fresco de la calle. Ni siquiera reparé en recoger mi abrigo, de hecho seguí corriendo hasta llegar a casa totalmente exhausta. —Hombre, una vez en la zona del pub ya no te hubiera podido hacer nada. —No. No me has entendido. No tenía miedo de que pudiera forzarme ni nada de eso. —¿Entonces? —Sentía miedo de mi misma. Porque me latía el corazón tan deprisa por todo lo que acababa de pasar y yo estaba tan profundamente humillada, vejada, ultrajada, violentada, sometida, abusada, exhibida que… en ese momento… lo más… lógico… hubiera sido responder que sí a la proposición y dejar que me condujesen de vuelta a aquel cubículo asqueroso. No te puedes ni imaginar cómo estaba, tenía el coño chorreando, me excitaba saber que me estaban viendo de aquella guisa, con la cara aún llena de semen y las rodillas untadas de mierda. Me sentía como una de esas putas de saldo que se dejan hacer literalmente lo que sea por 5€. Lo único que deseaba en ese momento era seguir descendiendo por el tobogán en espiral de la depravación, como si fuese lo que, por coherencia, se podía esperar de mí, o incluso más aún: como si eso fuese lo único para lo que yo sirviese como mujer: para satisfacer y verme convertida en el cubo de esperma de todos los machos del bareto que entrasen al baño en algún momento de la noche: ya casi podía verme allí, arrodillada de nuevo y con todos haciendo cola para follarme la boca… como si hubiese nacido para ...