1. Gata caliente en la cama


    Fecha: 26/04/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... cogía a la hembra, le mordía las crines, los relinchos eran una sinfonía de sonidos eróticos y apasionados a mis oídos.
    
    - Apoya las manos en ese tronco.
    
    Le obedecí, no quitaba los ojos de los animales follando, estaba caliente, mojada.
    
    En los sueños, hay cosas que no tienen lógica. El tronco tenía una argolla y el hombre sacó unas esposas negras con cadena de esas que se ven en las pelis medievales y yo adelanté mis muñecas y aquellas zarpas metálicas se cerraron en torno de ellas y él me encadenó esposada al trozo de árbol cortado.
    
    - Eres un yegua caliente.
    
    - Si.- mi voz era un gemido entregado.
    
    - Eres una mujer viciosa.
    
    - Si.
    
    - Te gusta ser muy puta.
    
    - Si.
    
    - ¿ Sabes lo que te voy a hacer?
    
    - Lo que vos quieras, soy...
    
    - Eres mi yegua.
    
    Yo me incliné apoyada en el tronco, dejando mi culo en pompa. El hombre se pegó a mi espalda , me agarró del pelo y tiró para dejarme erguida. Hizo que mi tetas quedaran turgentes. Las comenzó a tocar, las sobaba amasándolas, con las palmas en contacto con mis pezones cada vez mas duros y erectos. Sentí su polla contra mi trasero , me moví restregándome contra aquella piedra dura.
    
    Me lamió el cuello dejando un camino de saliva hasta mi oreja que mordió . Me susurró al oído.
    
    - Eres una niña muy mala y muy golfa. Voy a tener que castigarte.
    
    - Si , soy muy mala y muy golfa...haz lo que quieras.
    
    - Es que te voy a castigar.... y te va a gustar … y doler.
    
    Yo no podía más, estaba muy caliente, ...
    ... entregada a aquel macho vicioso que me tenía dominada con su lujuria.
    
    - Soy tuya... soy tu potra ...domame.
    
    Me empujó, quedé como al principio con las manos atadas y apoyadas en el tronco, esperaba lo que iba a hacerme. Y lo deseaba, deseaba ser suya, el juguete de sus ansias.
    
    Cuando sentí el primer trallazo en mis nalgas volví la cabeza para ver con qué me azotaba. La fusta del caballo. Me volvió a golpear.
    
    - Ay- gemí,
    
    - A las potras malas hay ponerlas suaves.
    
    - ¡ Aaah!- solté cuando volvió a darme otro fustazo.
    
    - ¿Te gusta?
    
    - Siiii- respondí.
    
    - Me gusta cuando te quejas.
    
    Y me azotó varias veces, yo gemía en un ay que tenía una mezcla de placer y dolor. Llegó a seis azotes, los conté cuando tiró del pelo me dejó parada .
    
    - ¡ Estírate... quiero ver lo buenas que son tus tetas!
    
    Se quedó ante mí, sus ojos lujuriosos me babeaban, yo temblaba de excitación. Comenzó a desabotonar mi vestido. Lo hacía despacio, paladeando lo que veía.
    
    - Elenita , estas muy buena. Eres un pastel para un goloso como yo.
    
    Mi corpiño era blanco, de cierre delantero y Fidel lo abrió. Mis senos quedaron libres, vibrantes , los pezones duros por la calentura.
    
    - ¡ Que par de tetas!
    
    Comenzó a sobarlas, despacio al principio, apoyando las palmas en mis turgentes montañas, haciéndolas girar, con las cimas sintiendo la presión libidinosa de su carne. Y empezó a pasar la lengua por mi rostro. Me lamía dejando su saliva en mi piel. Yo suspiraba de un placer sucio, ...